X
claroscuro>

Vacaciones y golpes de Estado – Por Saray Encinoso

   

A veces parece una obligación dividir la vida en compartimentos estancos. Si creemos que todo está conectado y que no se puede analizar un acontecimiento sin tener en cuenta qué lo motivó, nos acaban tachando de demagogos. Así me sentí cuando la primavera árabe irrumpió en 2011, y así me siento ahora que se ha producido el temido golpe de Estado en Egipto. Nos contaban entonces y nos cuentan ahora los turoperadores y las grandes centrales de reserva que ese estado de preguerra civil beneficiará a Canarias. Muchos turistas que tenían pensado descubrir los orígenes de la civilización en El Cairo cambiarán sus vuelos y aterrizarán en nuestros aeropuertos. Puede que incluso algún viajero, temeroso de que el parque Gezi vuelva a convertirse en tierra hostil, deje sus vacaciones en Estambul para otro momento y elija una de nuestras playas. Todos los desastres norteafricanos -y algunos europeos- de los últimos tiempos parecen conducir al mismo sitio: a la mejora del turismo, y por tanto de la economía, de nuestro endeble Archipiélago. ¿De verdad tenemos que ver la masacre a los islamistas en Tahrir y pensar inmediatamente en cómo vamos a sacar partido?

El turismo irrumpió en Canarias en los años 60, cuando ir de Santa Cruz a Los Cristianos era una odisea de cuatro horas por tortuosas carreteras. Nuestra economía creció a medida que el Archipiélago ampliaba su oferta hotelera y se abría a mercados foráneos. Cuando hoy se habla de la salida de la crisis económica, el presidente Paulino Rivero siempre insiste en que los canarios volveremos antes a la senda del crecimiento gracias al motor del turismo. Puede que sea verdad, pero seguramente no saldremos todos. No hay que olvidar que Canarias es hoy una de las regiones con mayor tasa de pobreza, con más paro y donde se cobra menos, pero antes de 2008 también lo era.

Me duele Egipto, me dolió Túnez y me dolió Libia. Podría seguir enumerando otros conflictos que no encuentran sitio en las páginas de los periódicos y en los telediarios, y aun así comprendería que el turismo y la geopolítica están irremediablemente entrelazados. No se trata de ignorar esa relación. Lo que es insoportable es que hayamos sido incapaces de construir un sector turístico de calidad y ahora nos comportemos como si estuviéramos buscando pseudorrevoluciones que nos salven de nuestra desgracia. Lo siento, pero es patético. Podríamos empezar por saber qué ocurre realmente en esos países.

@sarayencinoso