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Vuelta a las cavernas – Por Blanca Delia García

   

Súbete -le dije a mi hermana-. Hoy vamos a viajar en el tiempo”. Me fascinaba la posibilidad de volver atrás. Sin embargo, siempre supe que aquella fantasía era del todo imposible, o al menos así lo era hasta que el Partido Popular llegó al poder con una arrolladora mayoría absoluta.

Con todas sus luces y sus sombras, resulta imposible negar que con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero España avanzó hacia la tolerancia, la madurez, la modernidad y, en definitiva, hacia ese flamante siglo XXI del que a muchos les gusta presumir.

Todavía recuerdo un viaje a Roma en el que, cenando con un grupo de personas de diferentes nacionalidades, se alababan los ejemplos que daba nuestro país en aquellos primeros años de Ejecutivo socialista. Se autorizó el matrimonio homosexual, se aprobó la ley de igualdad, se rechazaron acuerdos bélicos…

Muchos países se sumaron y se suman todavía a políticas que inició esta nación. Sin embargo, le hemos dado la vuelta a la tortilla. A pasos agigantados nos dirigimos ahora hacia épocas que creíamos superadas, pero que amenazan con volver, sino no están ya aquí, implantadas y creciendo entre nosotros.

No es solo una cuestión económica, que nos ha hecho retroceder a situaciones de precariedad que no se vivían hace décadas -véase los datos de pobreza y la necesidad de dar comidas gratis en los colegios, también en verano, o atendamos a los números que apunta que ya van ocho trimestres seguidos en los que la economía decrece, colocándonos en la recesión más larga de la historia reciente.

No, ese es solo uno de los terribles indicios, al que incluso podemos conceder un pequeño margen si nos creemos aquello que apunta el ministro de Economía sobre “la flor de invernadero” y el posible crecimiento este trimestre. No, hay señales aún peores, señales como la que apunta la frase pronunciada por la ministra de Sanidad para negar la posibilidad de recibir tratamiento de fertilidad a madres solteras o lesbianas: “La falta de varón no es un problema médico”.

Y señales son también el contenido de la nueva reforma educativa, que devuelve poder a la asignatura de religión; la propuesta para que las mujeres deban estar ingresadas durante 24 horas antes de que puedan ser contabilizadas como víctimas de violencia de género, o la reforma que restringe la Ley del Aborto.

Definitivamente se acabaron los tiempos de progreso. Vamos pa’ tras como los cangrejos, hacia una sociedad de ricos y pobres, aupada en el valor del sexo y la religión, una sociedad de antaño en la que el PP es la máquina del tiempo.