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Wert: sujeto y objeto – Por Antonio Casado

   

En los desayunos de Europa Press, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, volvió a poner al mal tiempo buena cara. Ser el ministro peor valorado del Gobierno de Mariano Rajoy no le quitó la sonrisa ni las ganas de pelea (dialéctica, se entiende). Y tener a todos los grupos parlamentarios en contra de la reforma educativa no le impidió defenderla con pasión. A su manera, un tanto personal, aunque ya le explicó al moderador, Javier García Vila, que aborrece la expresión ley Wert. Sin embargo, hay que reconocer que ya se encarga él de dar facilidades para que el objeto acabe devorado mediáticamente por el sujeto. Solo hay que fijarse en su apasionada forma de teorizar las broncas que le montan en la calle los estudiantes o las lindezas que le dedican en el Parlamento y en los medios de comunicación. Por supuesto, conocía el riesgo de que las resistencias a la reforma del sistema educativo acabarían polarizándose en la persona llamada a pilotar el proyecto.

Pero, dice, “probablemente hice un mal cálculo de mis fuerzas y mis capacidades, aunque, como no tengo ambición política de ninguna clase, quise afrontar ese coste personal”. Y ahí estamos. No le sirvió de nada advertir de que no está en ninguna batalla en las relaciones de poder. Un gran número de preguntas, ya en la parte del coloquio, giraron en torno a consideraciones personales: su capacidad de aguante, su vocación política, su capacidad -o no- de aumentar con sus declaraciones el número de independentistas, su presunto aislamiento por falta de apoyo dentro del Gobierno, etc. Así las cosas, lo normal es que sus argumentos en defensa de la Lomce y los contenidos de esta terminasen perdidos en la letra pequeña de las referencias informativas. Volvía a abrirse paso la personalización del debate que él dice aborrecer. O sea, que tendemos a alejarnos del objeto y a convertir al sujeto en el blanco fácil de los discrepantes. Ojo, todas las fuerzas políticas de base parlamentaria. “Todas, no”, replicó al segundo, apelando al rigor que dice echar de menos en este debate. “Todas menos el Partido Popular, que casualmente tiene 184 diputados”, añadió. En eso llevaba razón. Pero es el caso que todos los grupos han pedido la devolución del proyecto. Devolución sin texto alternativo. Para él, eso significa que esos partidos están conformes con el sistema actual y, por ellos, que se eternice el heredado de los socialistas. También les reprocha que no se hayan molestado en elaborar un texto alternativo.