X
AL MARGEN > Rafael Torres

El alcalde de Baralla – Por Rafael Torres

   

Más inaudito que la expresión pública de un alcalde, en sede municipal y en el curso de un pleno, de su comprensión de las prácticas exterminadoras de quienes se sublevaron violentamente en 1936 contra el gobierno y el estado legítimos de la República Española, más inaudito que eso es, si cabe, que su partido no le haya llamado siquiera la atención por lo que en cualquier país civilizado y democrático de Europa conllevaría un severo reproche social, moral y penal.

Que la dirección del Partido Popular no haya recriminado al alcalde de Baralla, Lugo, por la indecencia de decir que los que fueron condenados a muerte por el franquismo se lo merecían (“Os mortos do franquismo será que o merecían”), rebasa absolutamente lo que puede tolerarse a un partido que no es que tenga responsabilidades de gobierno, sino más poder que el que ningún otro haya tenido nunca en España. Que Manuel González Capón, el alcalde de Baralla, simpatice con el franquismo hasta el punto de justificar públicamente la sanguinaria represión de los sublevados en una región donde no hubo guerra ni se disparó apenas un tiro, queda para su conciencia, no muy despejada al parecer, pero el hecho de que tras sus declaraciones en el pleno siguiera ostentando la representación legal de sus convecinos un minuto más, rebaja la calificación de la democracia española a bono basura, y sin perspectivas ningunas de mejorar.

“Será que o merecían”. Pensar de otra manera, o sea, pensar, mantenerse leal al régimen democrático que el pueblo español se había dado en elecciones libres, ser afiliado a un sindicato o a un partido, o poseer, sin más, alguna propiedad o algún bien que los rebeldes fascistas codiciaran, hizo merecedores a miles de gallegos, según parece, a la cuneta y al paredón. Mola, el cerebro del Golpe, solía decir que si se encontrara a su padre en las filas contrarias, lo mandaba fusilar.

Si se trata de merecimientos, está claro que el tal González Capón no merece ser alcalde de Baralla ni de ningún sitio. También que quienes le otorgan el silencio cómplice no merecen gobernar un país que a causa del franquismo precisamente se precipitó en el horror, el atraso, la miseria, la estupidez y la oscuridad.