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Algo pasa en el Puerto de la Cruz (I) – Por Nicolás González Lemus

   

Muy apreciado amigo Enrique Talg: gracias por la carta que me enviaste el día 9 de este mes y que luego publicaste en este mismo diario. Creo que es un acierto porque al no ser cartas personales sino reflexiones que afectan al Puerto de la Cruz, las mismas deberían ser conocidas por todos los ciudadanos. No obstante, quiero dejar claro que no es mi deseo entrar en polémica contigo, no hay necesidad de ello porque somos amigos muy respetuosos como para ser capaces de intercambiar opiniones tomándonos un café en tu espléndido hotel, como en otras ocasiones hemos hecho. La carta es una respuesta a la tuya, como la anterior, solo como vicepresidente de Ashotel, pero la hago extensiva a los que te secundan. Esperaba una respuesta tuya mucha más elaborada de la que has dado, sobre todo en algunos temas que planteé en la mía. Solo dos aspectos me llamaron la atención: la referencia a la incuestionabilidad de los técnicos y el asunto de las partidas económicas.

Respecto al primero, afirmas que todos queremos ser ingenieros al pretender opinar sobre aspectos técnicos de cualquier proyecto y que se debe dejar trabajar a quienes realmente entienden. Si te refieres a técnicos de carreras técnicas (arquitectos, aparejadores, ingenieros, diseñadores…) son indudablemente los únicos capaces de solucionar los problemas técnicos de cualquier obra. Pero están los técnicos de las ciencias humanas (historiadores, doctores, investigadores, especialistas, cronistas oficiales…) que son los conocedores de la historia, la cultura e idiosincrasia del lugar, los mejores especialistas en dar un diagnóstico social a un proyecto. Los dos tienen su papel, las dos caras de la misma moneda.

El segundo aspecto, la necesidad de aprovecharnos de las partidas económicas, nadie lo cuestiona. Pero pienso que el Puerto de la Cruz ha ido perdiendo gran parte de su protagonismo en el marco del turismo internacional no por la falta de inversión sino por la mala inversión, entre otros factores, que no vienen al caso aquí. Según fuentes procedentes desde el Ayuntamiento y el propio Cabildo, ha recibido muchos millones de las antiguas pesetas y euros y, sin embargo, padece su crisis desde hace décadas. Luego no es por falta de inversión. Mucho dinero se ha gastado no para la mejora en muchas ocasiones, aunque se haya hecho con las mejores intenciones.

Yo aplaudo gran parte de las actuaciones previstas en el Plan de Modernización, Mejora e Incremento de la Competitividad del Puerto de la Cruz del Consorcio y el Cabildo, a pesar de considerar algunas muy dudosas y de las muchas ausencias importantísimas desde la perspectiva turística. Pero cuando se intenta hacer una renovación urbana de una ciudad histórica, como es el Puerto de la Cruz, hay que diferenciar la periferia del centro histórico. En la periferia nadie niega que haya que renovar y adecuar las viejas estructuras urbanas para hacer una ciudad acorde a la vida moderna. Claro que se hacen precisas y prioritarias la estación de guaguas y obras públicas de infraestructuras y saneamientos para satisfacer las necesidades de la población. Aquí, probablemente, haya que destruir para construir nuevos edificios y formar nuevos espacios de esparcimiento. Pero las cosas son diferentes cuando se trata de la actuación en el casco histórico. Aquí no se trata tanto de destruir o renovar, sino de rehabilitar. Tú sabes bien que el Puerto de la Cruz comenzó a ser destruido tras el boom turístico a partir de los años sesenta del siglo XX. Y mucho de lo que se destruyó fueron casas de arquitectura popular canaria con patios y balcones y algunas con artesonado mudéjar, que según la mayoría de los lugareños o el profesor Fernando G. Martín, el Puerto de la Cruz contaba entonces “con uno de los centros de arquitectura doméstica más originales del Archipiélago”. También se destruyeron espacios y rincones pintorescos, atractivos y seductores que hoy se lamenta y se lamentará toda la vida. Eso se ha realizado en el centro de la ciudad.

Con las actuaciones de la ‘Reforma y Saneamiento del Paseo San Telmo’ se debe de decir con claridad lo que hay detrás del proyecto. Te repito, se trata de destruir el paseo actual para sustituirlo por otro. Eso es lo que van a realizar con él. No tiene nada que ver con las indispensables obras de saneamiento, mejora de accesibilidad, tratamiento especial de fachadas, homologación de letreros para mejorar el atractivo visual, que, indiscutiblemente, apoyo íntegramente. Lo que están planteando es hacer un paseo diferente al existente.