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La Bajada: camino de fe y esperanza – Domingo-Miguel González Ruiz*

   

Hacer balance de la LXVIII Bajada de la Virgen de los Reyes es un motivo de acción de gracias y de satisfacción por ver cómo, una ocasión más, y, si cabe la expresión, cómo la mejor de las últimas ocasiones, el pueblo herreño ha sido fiel al cumplimiento del Voto de 1741, heredado de nuestros antepasados, y del cual todo este pueblo herreño ha dado testimonio de ser su heredero, su depositario y su fiel cumplidor. En las dos últimas bajadas me ha correspondido estar en el “grupo” sobre quien recae la preparación de este acontecimiento que mueve la Isla del Meridiano cada cuatro años. Es un grupo que trabaja, podemos decir, de sol a sol, para que todo salga como debe y todo se realice siguiendo el sentido de la fe y de la tradición que tiene la cuatrienal Bajada de la Virgen de los Reyes, dejando por encima de todo claro que María es el camino de la fe y de la esperanza, siguiendo el lema que nos convoca este año. En esta ocasión, como presidente de la Fundación Virgen de Los Reyes, quiero reiterar nuestra responsabilidad, que ha sido la de encargarse de todo lo que tiene que ver con la Imagen de la Virgen, su Santuario y lo que en torno a ellos se mueve, así como la preparación de sus fiestas y, claro está, de la Bajada junto con la Comisión Mixta, que se crea a tal efecto, y que se encarga de coordinar todos los acontecimientos y eventos que concurren en una bajada de estas características, en la que tanto sentimiento, tanta tradición, tanta cultura y fe de un pueblo se unen, y es preciso hacerlas caminar juntas, unidas, dando la importancia a lo que de verdad lo tiene, y no a los aditamentos que siempre se adhieren a este tipo de acontecimientos religiosos y festivos. Comenzaba esta Bajada diciendo que era la historia de una madre que busca a su pueblo y de un pueblo que busca a su madre. Hoy puedo decir que la Madre Amada se encontró con su pueblo, y que el pueblo herreño se encontró con su Madre Amada. Y gracias a que todos entendimos esto, la Bajada de la Virgen transcurrió, como pocas se recuerdan, en paz y tranquilidad, en cercanía y encuentros, en fe y devoción constante, en sentimiento y querencia a la que viene a ser camino de fe y esperanza, y por eso es preciso dar las gracias. Gracias a la Fundación Virgen de los Reyes, por su trabajo y su aplomo a la hora de tener claro “quién” es la importante, gracias y buen trabajo. Gracias a la Comisión Mixta, a las autoridades municipales e insulares que la componen junto con los sacerdotes de la isla, los mayordomos de la Virgen, su secretaria y tesorero de la Fundación; son la parte más sufrida y sobre la que recae el peso de todo, a ellos gracias y buen trabajo. Gracias a los cuerpos y fuerzas de seguridad, que día a día se desviven para que todo discurra en armonía y entendimiento, ayudándonos a hacer las cosas como deben hacerse y evitando percances que afearían nuestra Bajada. Gracias a cada parroquia que se desvive por recibir y custodiar, por unas horas, a la Madre Amada. Gracias a cada pueblo, a cada barrio, a cada calle, a cada vecino, que engalana su casa, comparte su comida, prepara el descanso, para que la Señora de El Hierro se sienta acogida y recibida. Gracias a los grupos de bailarines y tocadores, hombres y mujeres, niños y jóvenes, adultos y mayores, que desde su creación tienen la noble labor de acompañar a la Madre Amada con sus toques y bailes, sin importar calores ni vientos, sin cansarse o pararse por ampollas en los pies o heridas en las manos, gracias por esa melodía constante y, esta vez, de forma especial y personal, gracias por estar a la altura, por aceptar los retos planteados y por acoger la novedad que era preciso realizar, gracias y a seguir bailando y tocando para Ella. Y gracias a mi pueblo herreño, a cada uno de los hombres y mujeres de esta isla, al que está detrás de todo y al que solo lleva el agua en los traslados de la Imagen, al que prepara la comida o al que acerca a un anciano a la Virgen. Gracias porque esta Bajada será recordada, porque la hemos vivido y realizado en fiesta, disfrutando, compartiendo, en paz y sintiéndonos un solo pueblo que se encuentra con su Madre. Hemos sabido pasar por encima de lo que nos separaba y hemos dejado enterrado lo que desdecía de nosotros, para acoger a la que nos une y hacer todo por Ella y para Ella. Gracias y que nunca nada ni nadie nos haga olvidar ni cambiar el sentimiento de que sin Ella esto no tiene ningún sentido. Una vez más, se ha cumplido y se ha vivido el voto que nos obliga por generaciones. Esta vez las alegrías son obra de todos y para todos, pero de forma especial son obra de Ella, por eso: ¡Siempre: viva la Virgen, viva!

Domingo-Miguel González Ruiz es PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN VIRGEN DE LOS REYES