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Bretón: 8-10-2011 – Por Sergio García de la Cruz

   

Espeluznante caso que se une a otros tantos que a lo largo de los años han surgido en nuestra geografía. Mallorca (1996), un médico alemán mata a sus dos hijos de 6 y 8 años mediante una inyección letal; mismo año en el Mirador de Jinámar en Gran Canaria, un hombre asesina a sus dos hijos de 12 y 18 años, y a su esposa de 36, a todos, con un cuchillo de cocina. Más reciente tenemos aquí el caso de Vistabella; en este, los niños tenían 11 y 5 años.

El juicio contra Bretón no deja de ser unos de los más complicados a los que se está enfrentando nuestro actual sistema. Un caso de gran importancia mediática. No quedó medio de comunicación de este país que no tocara el caso, algunos rebasaban los límites de la ética, aunque ya estos la habían perdido con mucha anterioridad desde que descubrieron que vende mucho más el sensacionalismo que la deontología. Toda esta amalgama de comentarios, noticias e informaciones tienen su repercusión en un proceso, máxime cuando la incriminación no está basada en pruebas directas, sino indiciarias, reconocidas como suficientes para desvirtuar la presunción de inocencia, siempre que se den ciertos requisitos.

El jurado estaba compuesto por nueve miembros, de los cuales siete eran mujeres y dos hombres, algo curioso hoy en día. La mujer participa por primera vez en España en un jurado en 1931, y esta solo formaba parte del jurado en delitos de parricidio, asesinatos, homicidios o lesiones en que el móvil pasional fuera el amor, los celos, la fidelidad u otro aspecto de las relaciones sexuales. En estos casos, el jurado se compondría a partes iguales por hombres y mujeres. En general, la composición del jurado siempre debería estar repartida de esta manera.

Difícil trabajo tendrán las instancias superiores con el recurso. Unos de los detalles que se cuestiona es cuál fue exactamente la causa de la muerte, si la intoxicación medicamentosa previa a base de lorazepam y paroxetina, o por el contrario, la muerte la causó la calcinación, aunque en este caso no es nada relevante, ni siquiera para la agravante de alevosía ya que por el solo hecho de ser niños se aplica, pero si aprovecho y lo relaciono. Desde el primer momento la idea popular es que Bretón lo hizo por venganza. Esta misma teoría es transferida a la sentencia no con buen acierto, a mí entender. Y es que, como dije en su día, él no buscaba una venganza, su intención era que ella volviera, por eso hizo la llamada antes de matarlos, y con ello ya podemos concluir que con los medicamentos no los había matado aún, aparte de que las dosis deberían ser tremendas, la muerte no sería tan inmediata. Su idea es que volviera y que juntos buscaran y cruzaran el camino de dolor que él mismo había creado.

La sentencia usa la palabra científicamente dos veces en las que queda claro que en esa finca se quemaron dos cuerpos de niños de las edades de 6 y 2 años. No me gustaría terminar sin añadir un párrafo extraído de nuestro Tribunal Constitucional y que nos dará algo de luz en este caso: “Es un hecho que en los juicios criminales no siempre es posible esa prueba directa, por muchos esfuerzos que se hagan por obtenerla. Prescindir de la prueba indicaría conduciría, en ocasiones, a la impunidad de ciertos delitos y especialmente de los perpetrados con particular astucia, lo que provocaría una grave indefensión social.”
 
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