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Caminando a Candelaria – Por Juan Pedro Rivero*

   

Esta es una de las características de la fiesta de la patrona de Canarias. Caminar hacia el Santuario, a través del monte o por el borde de la carretera; andar, ir, caminar… Desde todos los rincones de Tenerife muchísimos grupos de peregrinos se animan a caminar. Unos cargando el cumplimiento de una promesa, otros por la ilusión del mero esfuerzo, otros con la gratitud o la súplica a sus espaldas; pero todos hacia el santuario de la Virgen de Candelaria.
Para muchos no es la primera vez. Saben que el camino es duro, que hay momentos de dificultad, pero la imagen de la Virgen que custodia el santuario de Candelaria es una meta siempre posible, siempre alcanzable. Es la memoria de nuestra identidad y un recordatorio permanente de que la vida es esfuerzo y camino, sacrificio y conquista, solidaridad y ayuda fraterna. Caminar a Candelaria es una hermosa experiencia… Pero, además, caminando a Candelaria uno tiene la posibilidad de volver al núcleo de la experiencia cristiana. De encontrarse con el mayor amor posible. La imagen de María de Candelaria tiene en sus brazos a Cristo, a Jesús niño, al Hijo de Dios. Y al mirar el rostro de la Madre uno descubre, sin esfuerzo, el rostro de su Hijo. Y es entonces cuando se posibilita lo extraordinario del camino de la vida. Dios se ha hecho accesible. Dios no se oculta. Nos da la posibilidad de conocerlo. Es más, no da la posibilidad de reconocer su amor infinito. Un amor que perdona y reconcilia. Que renueva profundamente.
Vivir es caminar. La peregrinación de la vida es siempre dura, difícil, sufrida… pero andar sin esperanza no vale la pena. Porque siempre hay un destino que espera. Y la Virgen de Candelaria nos recuerda la forma extraordinaria de ese destino. Y es un destino feliz…

*Rector del Seminario
@juanpedrorivero