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Cerco al guachinche – Por Paco Déniz

   

La nueva regulación aprobada por el Gobierno canario sobre la actividad de los guachinches no se sabe bien a qué responde, si a una presión de los dueños de restaurantes, al gusto refinado de políticos y cortesanos, o a la inercia neoliberal que, en tiempos de crisis, se ceba con los más débiles. Probablemente se deba a un poco de todo, aunque creo que más lo último. Ya lo comenté en otra ocasión y no me cansaré de decirlo: como están las cosas resulta de una maldad intolerable controlar la actividad de quien se busca la vida de manera decente y trabajosa, muy trabajosa, mientras que a otras actividades de dudosa respetabilidad se les da bastante liña. A la realidad me remito.

Debería saber el estamento político que numerosas personas se ganan la vida trabajando en esos escenarios guanchinescos. Me contaba una maestra de La Victoria que la mayoría de las madres de sus alumnos trabajaban cocinando y sirviendo en los mismos. Numerosa mano de obra ha vuelto a emplearse en el campo produciendo materia de una calidad exquisita. Sí señores, en los guachinches se come muy bien y la prueba es el lleno a rebosar de este año. La gente ha acudido en masa desafiando los controles y buscando la relación calidad precio que no hay en otro lado. Y la gente no es tonta, sabe que la joya de la corona de Tenerife es el guachinche.

Creo que la norma no es justa al menos en dos aspectos: obligar a que el vino que vendes lo produzcas tú. ¿Por qué no puede alguien vender el vino de su vecino, el vino de la zona, del país? Obligar a la gente a que sea agricultor y comerciante a la vez es cruel. Por otro lado, restringir a agua y vino la venta de líquidos significa que los chiquillos no puedan echarse un jugo o un refresco. Habrá que dejar a los niños con alguien, a no ser que las autoridades competentes instalen guarderías públicas junto al control de la Guardia Civil para recogerlos a la salida. Esos dos aspectos deberían modificarse pero, sobre todo, insto al gobierno a que traiga a Chicote y lo pasee por todos los restaurantes, bares y cafeterías a ver cuántos cierra la Consejería de Sanidad y la de Trabajo. Yo ya me adelanto, seguiré yendo a los guachinches aunque tenga que entrar de madrugada y con contraseña. Como en la clandestinidad.