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No me consta y no me acuerdo – Por Francisco Pomares

   

Había dos opciones: una era presentarse ante el juez, recordar que se esta bajo juramento, y que uno es testigo, no imputado, y optar por decir la verdad que sabe todo el mundo, y que consiste básicamente en que el PP se ha financiado ilegalmente con comisiones presentadas en forma de donativos por las grandes empresas que contrataban con la administración, y que una parte de ese dinero, manejado secretamente y con escaso control de la cúpula directiva, fue a parar en sobres a los bolsillos de esa cúpula, que miraba complaciente para otro lado, mientras la mayor parte de la pasta se la metía Bárcenas en su propio bolsillo. Esa es la historia más lógica y más creíble, una historia que no es exclusiva del Partido Popular, pero que en el Partido Popular parece que se convirtió en una práctica tan habitual que todos sacaban tajada del sistema: Bárcenas más, desde luego, pero según las precisas cuentas del tesorero mejor pagado de España, sus secretarios generales pudieron cobrar una verdadera morterada agradecida, solo por no meter demasiado las narices en los manejos del actual inquilino de Soto del Real: Álvarez Cascos cobró 424.000 euros extra, y el simpático Arenas más de 234.000. Una ayudita, en fin…

Algunos esperábamos que al menos Álvarez Cascos, que nunca tuvo papas en la boca, fuera un poco más allá y reconociera al menos haber cobrado algunos cuartos de la Caja B. Pero tanto él como Arenas optaron por la segunda opción, que es seguir instalados en la fábula de la imbecilidad absoluta. El PP manejó desde 1995 alrededor de mil millones de euros en subvenciones públicas, y unos setenta millones en donativos privados contabilizados -la mayor parte de empresas constructoras con contratos con las administraciones gobernadas por el PP- que llegaron a la caja del partido como dinero de procedencia anónima, sin que nadie controlara si se cumplían las normas legales y sin que existiera ningún protocolo interno para comprobar que se cumplieran. Álvarez-Cascos y Arenas no tienen constancia de cómo circuló de las empresas al partido y dentro de este ese gigantesco río de dinero, en el que durante dos décadas fondeó el Partido Popular, sin que ninguno de sus secretarios generales se ocupara de poner ni un poquito de orden, porque estaban muy ocupados haciendo política. Tenemos que creer entonces su asombroso cuento de hadas: que los secretarios generales del PP en tiempos de Aznar, don no me acuerdo y don no me consta, y ahora la señora Cospedal, otra con problemas de memoria, dejaron circular por el partido millones y millones sin enterarse de nada. Como para fiarse de ellos…