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Corazón de tiza – Por César Martín

   

Al mes de finalizar el campamento, la niña más revoltosa, aquella que incluso tuvieron que llamar a los padres a causa de su comportamiento, se presentó en su oficina. Sonriendo y alborotada apareció tocando a la puerta. De entre todas las personas con las que había compartido aquellos días fue a verla a ella, a su monitora. Mientras charlaban sobre cómo iban las cosas por casa y en la escuela, se fijó en la pizarra que había en la habitación. Le pidió permiso para usarla, escribió una frase y se marchó. “Te amo”, decía junto a un pequeño corazón de tiza. Los niños viven el momento; no están contaminados. Responden a los estímulos con respuestas viscerales que salen sin filtrar, con una sinceridad y autenticidad abrumadoras. Muestran cariño o hacen comentarios sin medir el qué dirán o si cometen errores. Es el acto por encima de la consecuencia. Muchos adultos lo llaman inocencia, yo prefiero pensar que no es fruto de ella. Los pequeños ya saben vivir aún sin tener conciencia. Aprovechan las circunstancias y no temen expresar lo que sienten. Luego los modelamos y los llenamos de miedos e inseguridades. Y así empezamos a callar, a mirar para adentro y a no vernos en los ojos de los otros. Carpe diem explicaba a sus alumnos el profesor John Keating, interpretado por Robin Williams en la película El club de los poetas muertos. Les hablaba sobre aprovechar el momento, no malgastar el tiempo. Los niños lo hacen. Saben vivir el instante y no dejar pasar la ocasión para saborear cada segundo por el simple placer de hacerlo, por estar vivos. Han entendido, aún sin conocerlos, aquellos versos de Robert Herrick: “Coged las rosas mientras podáis; / veloz el tiempo vuela. / La misma flor que hoy admiráis, / mañana estará muerta”. Los adultos hemos perdido esta capacidad ahogados por la espera de una oportunidad mejor, proyectando futuribles continuamente. Luego la realidad nos aplasta y surgen los arrepentimientos: la palabra no dicha, el abrazo no dado, la llamada no hecha… No perdamos la ocasión, vayamos a por nuestras rosas, ahora es el momento.

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