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El milagro de Fátima – Por Luis del Val

   

Ignoro si sola, o en compañía de otros, la ministra de Empleo ha descubierto las ventajas de la delación. Estoy convencido de que le animan tan enormes buenas intenciones como extraordinaria es su ignorancia acerca de la capacidad corrosiva que tiene la delación en cualquier sociedad. Le recomendaría que leyera la Historia Universal de la Infamia, de Borges, antes de introducirse en los aspectos más miserables de la condición humana, animados por la delación. Tanto en la Alemania de Hitler, como en el régimen comunista ruso, por no hablar de nuestra guerra civil, los episodios más viles estuvieron precedidos de una delación. Y no hay que bucear en la Historia, porque, ahora mismo, en Cuba, la delación es uno de los pilares del sistema, y la gran oportunidad para que aflore lo más ponzoñoso de nuestras almas. Uno de los factores que avivaron la decadencia hacia el extremismo cruel en la Revolución Francesa fue la delación. Y es que la envidia, el rencor y el resentimiento florecen con la delación, y no hay bellaco que no se sienta vengado de su estupidez al denunciar a otro. Le auguro un gran éxito a la ministra. Va a ser algo así como el milagro de Fátima, y no va haber vecina envidiosa que no denuncie la situación laboral de la empleada de hogar de la puerta de enfrente, ni comerciante torpe que no delate a su competidor, ni acomplejado que no acuda con entusiasmo a denunciar, aunque la denuncia sea falsa. Porque ese es el aspecto más complicado de la eficacia delatora, y es que el envidioso, el cutre, en su afán de joder al próximo, con tal de molestarle, no se va a parar en barras de si la denuncia tiene o no tiene veracidad. Y ese va a ser uno de los problemas para la eficacia del milagro: que los honrados inspectores de trabajo no pueden pasarse el día comprobando las falsedades del calumniador, porque eso cuesta mucho dinero. Pero el principal problema es que va a abrir un proceso de envilecimiento social del cual suele ser difícil salir.