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Montoro, el evangelista – Por Luis del Val

   

Uno de los pasajes evangélicos más populares es la parábola del hijo pródigo. El padre da dinero a sus hijos, pero uno de ellos se dedica a malgastarlo, a vivir por encima de sus posibilidades, hasta que se acaba el dinero y vuelve a casa de su padre. Es entonces cuando el padre prepara una gran fiesta para recibir al hijo pródigo, ante el estupor de los hermanos que han cuidado su hacienda y han sido prudentes, y no han recibido muestras de alborozo por haber cumplido con su deber.

Montoro se nos ha vuelto evangelista, y no les va a echar ni una bronca a las autonomías que hayan gastado más de lo que podían, antes al contrario, les proporcionará más dinero, mientras que a las que han cumplido con su deber, y han seguido con disciplina las órdenes del ministro, se les tratará con mano férrea para que sigan por ese austero camino. Si los presidentes autonómicos estuvieron imbuidos del espíritu evangélico, no habría ningún problema, pero mucho me temo que una mujer como Luisa Fernanda Rudi, pongo por ejemplo, que como viene de los números ha sujetado el déficit en Aragón, y ha pedido sacrificios a sus ciudadanos para poder acatar las órdenes del ministro de Hacienda, no se va a conformar con el tratamiento que se da a los hijos pródigos, entre otras razones, porque estos hijos pródigos no es la primera vez que salen corriendo de casa con el dinero del padre, y no vuelven arrepentidos, sino pidiendo más. Ya escribí, hace un año, que ni el PSOE ni el PP poseían redaños para domeñar la deriva insolidaria e injusta de las autonomías, aunque lo dije de manera más rotunda y cervantina. Y siguen sin tenerlos. Les produce pavor gobernar para la siguiente generación, porque siempre están ocupados en las próximas elecciones. Y Montoro, el evangelista, se volverá inmisericorde recaudador, y mantendrá estos impuestos que destrozan a las clases medias, con tal de tener contentos a los derrochadores hijos pródigos.