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“No me gusta hacer sonrisas iguales para todos”

   

La odontóloga Irene Dorta en la consulta. / JAVIER GANIVET La odontóloga Irene Dorta en la consulta. / JAVIER GANIVET La odontóloga Irene Dorta en la consulta. / JAVIER GANIVET La odontóloga Irene Dorta en la consulta. / JAVIER GANIVET La odontóloga Irene Dorta en la consulta. / JAVIER GANIVET
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La odontóloga Irene Dorta en la consulta. / JAVIER GANIVET

Por VERÓNICA MARTÍN

Puede que no se algo consciente pero una sonrisa bonita, con dientes redondeados, hace que una persona nos pueda parecer bondadosa y simpática. Son esas cosas que Irene Dorta Suárez tiene bien estudiadas. Esta dentista está especializada en la ortodoncia y en la odontología estética pero va mucho más allá pues promulga que la corrección dental tiene mucho que ver con la salud. Acaba de estrenar su sueño: la clínica ID Ortodoncia y Estética Bucal en la santacrucera calle Unión Artística el Cabo.

-Proviene de familia de médicos, ¿eso influyó en la elección de Odontología como carrera?
“Quería ser arquitecto pero mi madre me decía que no me veía como tal y me propuso estudiar Odontología.Yo nunca había ido al dentista y no sabía muy bien de qué iba la cosa pero investigué y me gustó. Toda mi familia son médicos -desde mi abuelo que era cirujano hasta mis padres- y sabía que no iba a estudiar Medicina porque eran muchos años; aunque al final hice los mismos o más entre máster y tesis doctoral. Desde tercero de carrera me fascina la Odontología”.

-Su visión de su trabajo tiene mucho que ver con la estética, ¿Por qué?
“Me gusta mucho la estética de la sonrisa. La ortodoncia es una forma de estética para lograr ofrecer una sonrisa más bonita, más acorde con su físico… ves a la persona, estudias la forma de su cara y cómo sonríe y, por ello, colocas los dientes en función de su esqueleto… no me gusta hacer sonrisas iguales para todos”.

-¡Qué importante es sonreír! Mucha gente deja de hacerlo por culpa de sus dientes…
“Mucho. Pero no todo el mundo necesita ortodoncia. Hay personas que incluso con un poco de apiñamiento -si no les provoca un problema de encías o de salud- tienen una sonrisa bonita”.

-¿Cuántos le dicen ahora ya puedo reírme?
“Muchos y te sientes muy bien cuando le das esa sonrisa. Hay personas incluso que no saben muy bien por qué no les gusta su sonrisa y tiene mucho que ver con la simetría dentro de lo asimétricos que somos. Una vez que las tratas, se sienten mucho mejor y ya no dejan de sonreír nunca más. Además, como estos tratamientos son largos, se genera una complicidad con el paciente que terminas diseñando una sonrisa para esa persona y su carácter. Los dientes según su forma dicen mucho: unos muy afilados o cuadrados trasmiten agresividad o unos más redondos, más suavidad. En Estados Unidos hay mujeres empresarias que se afilan los dientes para parecer más duras”.

-¿Se ha encontrado a gente que viene buscando una imagen más dura?
“Sí y, sobre todo, lo contrario: chicas que quieren que sus dientes sean más redondos porque en Canarias los dientes son muy grandes y eso genera unas caras muy agresivas en las mujeres, lo que en chicos es maravilloso”.

-Trabaja en Tenerife, en Madrid, en Gran Canaria, en El Hierro, ¿cómo lo hace?
“Terminé la carrera en Madrid y me puse a trabajar allí. Entonces, la Universidad Europea de Madrid me contrató de profesora y también empecé a trabajar en una clínica mientras hacía la tesis doctoral sobre el desarrollo de la mandíbula en los embriones. La idea siempre era volver a Tenerife porque mis padres y la tierra tiran mucho por mí. Aquí empecé a trabajar en la clínica de Ibrahim Trujillo quien me me dijo ‘crece, desarróllate’. Eso me abrió muchas puertas u con el tiempo llegué a trabajar hasta en siete clínicas a la vez. Iba con mi maletín de un lado a otro”.

-¿Y es justamente en estos tiempos tan complicados cuando decide montar su propia clínica?
“Llevaba diez años diseñando esta clínica en mi cabeza. Sabía lo que quería pero no sabía si tendría el dinero suficiente para hacerlo. Así que trabajaba y ahorraba como una hormiguita. Entonces, llegó a mi vida Cayetano Méndez, un asesor fiscal que se ofreció a ayudarme. Él fue quien vio el local donde está la clínica y me insistió para que lo comprara. Era 2009 y yo estaba muerta de miedo. En estos tres años miraba el local y me imaginaba hasta el último detalle de lo que quería porque había ido a muchos congresos y visitado muchas clínicas. Otro amigo, el arquitecto Paco Ojeda me dio el último empujón para que sea una realidad…”.

-Es un espacio singular donde se atiende a los pacientes sin puertas… con una estética muy femenina, ¿qué filosofía hay tras esto?
“El local es abierto y diáfano. Quiero que mis pacientes sientan que la clínica es suya. La falta de puertas es una filosofía… Solo hay en el despacho para las personas que vienen por primera vez a las que les digo ‘cuéntame tus problemas que los solucionamos seguro’ y en una consulta para los que prefieren que no se les vea, pero no se usa tanto. La clínica es muy abierta y dinámica. No me gusta nada el trato impersonal, se que genera más dinero porque se tarda menos con cada uno, pero a nosotros no nos sirve”.

-¿Por qué hay tanto miedo al dentista?
“No se explicarlo. Creo que es algo que se trasmite de padres a hijos. La odontología de antes era muy agresiva: si tenías una caries enseguida te quitaban una muela… Quizá sea la impotencia de que no puedes hablar y que no ves lo que te están haciendo. Por eso, a mí me gusta contar lo que se les está haciendo y se los enseño con un espejo incluso a los niños. Cuando se explica bien lo que va a ocurrir todo es más fácil. La filosofía de esta clínica es hablar claro y, por eso, es tan abierta”.

-Es usted muy deportista y valora especialmente los autocuidados para mantener la salud, ¿verdad?
“Me gusta hacer deporte y me parece muy importante para estar sano. La clínica va enfocada a trasmitir la importancia de la salud en general no solo la dental. Tener los dientes bien colocados no ofrece solo armonía y belleza interna sino, también, interna. Cuando tenemos los dientes bien nuestra masticación es mucho mejor… Si hay personas capaces de hacer triatlones u otras pruebas es porque e encuentras bien interiormente. En esta clínica es muy importante trasmitir al pacientes conceptos como la correcta alimentación o la postura. Hay que cuidar el cuerpo porque es el sitio más bonito que tienes para vivir”.

-¿Se siente especial por ser una emprendedora en plena crisis?
“He llorado mucho. Estaba claro que montar mi propia clínica cuando trabajaba para otros suponía una competencia para ellos y enfrentarme a eso fue difícil. Los números me cuadraban y no podía dejar de hacer mi proyecto. Luchaba entre dar el paso de montar lo mío y entender que otras personas se pudieran sentir abandonadas, pero yo tenía que crecer en ese momento. Lo más sorprendente es que casi todos me han apoyado mucho. En mi familia tengo un padre que me frena mucho y una madre que me empuja mucho y cuento con el apoyo de mi marido y, especialmente, con el de mis auxiliares”.

-En ID Ortodoncia y Estética Bucal son casi todas mujeres y los colores son muy femeninos, ¿es algo también estudiado?
“Eso salió así sin pensarlo ni hablarlo con nadie. Sabía que los colores debían ser morado, verde y gris y resultan femeninos. Incluso los uniformes son así. Soy femenina aunque ande todo el día vestida de deporte. En el mundo de la salud hay más mujeres y es verdad que somos más empáticas con el dolor del paciente, especialmente de los niños… aunque también tengo un auxiliar hombre”.


¡COLORES!
omenzaré contando que me ha encantado conocer a Irene Dorta. ¡La alegría que destila es impresionante! Una mujer de bandera, amable, cercana, abierta y comprometida con su trabajo, el deporte y la salud.

Todos estas cualidades, que por cierto no se encuentran tan a menudo, me han eclipsado y han prevalecido a la hora de elegir el estilismo para esta entrevista.

Gracias a la colaboración de Leopard Privee, en donde encuentro siempre prendas monísimas para mujeres especiales, me he decantado por dos estilos que potencian la personalidad de Irene y resaltan tanto su belleza exterior como interior.

Comenzamos con un vestuario un tanto relajado, de aires retro con tejidos y cortes cómodos, en el que prevalecen colores que son pura energía y alegría, dos rasgos preponderantes en su personalidad. El rosa fucsia del blusón y el estampado del pantalón combinan perfectamente creando un conjunto potente, lleno de vida, resaltando la belleza tan fresca y natural de Irene y armonizando muy bien con su tonalidad de piel y cabello. Además, el corte tanto de la blusa como del pantalón expresan la vitalidad, la cercanía y la dulzura de esta encantadora mujer, aspectos muy bien reflejados también en su entorno de trabajo.

Para el segundo vestuario nos hemos decantado por un conjunto en negro y amarillo, avance de algunos de los colores estrellas de la próxima temporada otoño-invierno. A Irene, por su tonalidad de piel, esta combinación de colores le queda estupenda, además de aportarle mucha fuerza, otro rasgo subyacente debajo de su imagen dulce y amable. Este conjunto compuesto por una blusa XL de largo irregular y unos increíbles pantalones extra ajustados, que tanto puede llevarse para el día como para la noche, dependiendo de los complementos y el estilo que le demos, nos ha revelado a la mujer emprendedora, sin miedos y con garra que también convive en ella. En ninguno de los dos estilismos hemos utilizado complementos, ya que la fuerza de los colores utilizados, así como el estilo de las prendas hablan por sí solos.

KikiKonsejo: a la hora de elegir tu vestuario es mejor darle el protagonismo a un elemento puntual: puede ser un color, una prenda especial y potente, o un complemento, pero de uno en uno, de lo contrario nada tendrá importancia y sólo se verá un conjunto de cosas superpuestas.

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