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Opciones frente a la deuda – Por Francisco Pomares

   

El presidente Rivero ha vuelto a pedir este domingo pasado una modificación del sistema de financiación, tras la fijación por el Ministerio de Hacienda de los techos de déficit para las Comunidades Autónomas. Rivero es recurrente: probablemente tiene toda la razón cuando plantea que se está castigando a Canarias y a las Comunidades Autónomas que cumplieron con el déficit, apretándolas aún más, mientras a las incumplidoras se les da margen, en una suerte de apostólica relectura rajoyana de la historieta del hijo pródigo. Pero la clave no es el sistema de financiación, sino el déficit, y ahí es dónde se precisa un debate nacional sobre lo que está haciendo el PP. Lo que ocurre es que eso a Rivero se la trae al fresco. A él lo que le preocupa es cuadrar sus propias cuentas.

La cuestión es que el verdadero problema del país es que el Gobierno de la Nación no hace su tarea, y pretende que la hagan los gobiernos de las regiones y los ayuntamientos. Hacienda parece más decidida a apretar las clavijas a las regiones y ayuntamientos que a la Administración del Estado. Así, durante el primer trimestre de 2013, la deuda pública del país superó el 88 por ciento del PIB, y en Bruselas creen que a este paso, el año 2014 lo que debamos será muy similar a lo que produzcamos. La ecuación deuda=PIB supone una perspectiva aterradora, que sin embargo, no parece preocupar hoy demasiado a quienes en los años en los que gobernó el PSOE montaron una gigantesca carajera a cuenta del crecimiento metastático de la deuda. Pero el hecho es que en el año y medio que lleva Rajoy en el Gobierno, la deuda pública nacional ha crecido lo mismo que en los ocho años que estuvo Zapatero en el machito. Son datos de Eurostat, de hace un par de semanas, y nadie se ha atrevido a contestarlos.

El Gobierno de Rajoy es perfectamente consciente de la sangría, y tiene -grosso modo- su propio sistema para hacerle frente, que es desmontando el Estado del Bienestar, que -casi en su totalidad- administran las regiones y ayuntamientos. De ahí que los ajustes se centren en competencias regionales y municipales, básicamente en educación, sanidad y servicios sociales. Apretando por ahí, el Gobierno puede presumir de no tocar las pensiones, y es cierto que aún no lo ha hecho, pero tampoco ha logrado frenar el crecimiento de la deuda. Porque con deuda se han financiado los bancos, se han pagado las multimillonarias facturas de Defensa, y se mantiene intacta una burocracia nacional de altísimo nivel y coste, que es uno de los caladeros del voto conservador. Cada cual elige como hacer frente a los problemas…