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Percepción ciudadana – Por Andrés Expósito

   

La desfachatez y la liviandad moral del actual oscurantismo y enjambre de dinero ilícito que desgrana la actualidad sobre el gobierno denota claramente desidia y permisividad ante los ojos y el perceptible entendimiento del ciudadano, cansado y desgarrado.

En esta incesante catarata de portadas de periódicos, noticieros e información, donde se informan y constatan claroscuros sobre la egocéntrica e ilícita conducta económica de algunos miembros del Gobierno, donde subyace cómo a mansalva han atiborrado sus propios bolsillos, quienes por otro lado, se jactan y proclaman en exigir agónicos recortes, aletargadas paciencias, inadmisibles esfuerzos, decadentes miserias, e inhumanos sacrificios, reivindica una vez más, la necesidad del enrabietado grito y la elocuente y elucubrada palabra y protesta para designar que eso no puede ser así, que la Democracia no proyecta ese concepto.

En los compungidos rostros de los ciudadanos, se mece impertérrito la detestable percepción extraída del oscurantismo que desvelan los periódicos y noticieros cada día, y agrieta la indumentaria estructural con que, tantos años, parece haber adecentado y vestido al proceso democrático, y que los ciudadanos han atendido y apreciado siempre, y lejos de que la corrupción sea algo actual, que digámoslo también, siempre ha habido y siempre habrá, y conociendo de igual manera, que no es ladrón el que roba, solo es ladrón el que es atrapado, en este entramado caótico, el desgaste quedará evidenciado en el ciudadano, en la certeza de que pase lo que pase con ellos, con algunos miembros del gobierno, los ciudadanos en una u otra manera, serán engañados, amansados, y el totalitarismo proseguirá latente y ejercerá con crueldad, porque la impunidad es un valor seguro y característico para el poder, y dejarán a la suave y arenisca brisa del paso del tiempo, solaparlo con hipócritas inocencias.

Y piensa el ciudadano que eso va a ser así, y mientras ellos, en la encrucijada de un camino agrietado, de algo, por así llamarlo, que no es un proyecto digno con que elaborar el futuro, y dilucidarán que no puede quedar amortajada y desahuciada la palabra “mañana”, y de igual manera, tampoco, alojarse en la visión y esperanza de cualquier posibilidad, el desgarro, el temor y el dolor. A ningún ser humano se le debe acortar y encerrar la ilusión, ni desprenderla de utopías y oníricos vuelos hacia Ítaca, o caminos de la lechera elucubrando y tejiendo quimeras sobre sus respectivas vidas. Quizás esa sea la más escabrosa y tenebrosa constatación que aflora en los vigentes momentos, el despojo inhumano de los ciudadanos para desestimar el mañana y procrear un instinto de supervivencia donde el estado presente, el instante actual, es un hecho onírico, no ocurre porque está ocurriendo, ocurre porque ya ha ocurrido, hasta entonces es ilusión. Queda desestimada toda esperanza unida a la palabra mañana, a la palabra después, a cualquier posible y enriquecedora ilusión. Todo se aglutina y atormenta bajo el temor del instante presente.

Y parece que la posibilidad no es democrática, ni el sendero válido y plausible y coherente y recto y digno para todos, solo para quienes paguen, solapen o embadurnen, atrincherados en círculos de palmaditas en la espalda y manos estrechadas, negociables, compañeras, adulteradas, y dineros bajo la mesa.