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‘Quiscumque tactus vestigia legat’ – Por Sergio García de la Cruz

   

Nuestra presencia en cualquier lugar, siempre dejará un rastro nuestro, algo que forma parte de nosotros. Ahora bien, los hándicaps son: hallarlo, reconocerlo, y lo más importante que nos sea útil, aunque si no lo es en ese momento lo guardamos y el tiempo ya nos dirá.

En 1882 el francés Alphonse Bertillon creó como sistema identificativo, el antropométrico , que se basaba principalmente en las mediciones del cuerpo. En la actualidad el ADN es la estrella que brilla con luz propia, aunque aún queda mucho por andar. ¿Tendrá el crimen perfecto sus días contados?. Lo dudo, pero sí será mucho más complicado de lograrlo.

Para conseguir la condena del supuesto autor de un hecho debemos aportar medios con pruebas lo suficientemente contundentes que desvirtúen esa frase tan popular que reza así: “soy inocente hasta que no se demuestre lo contrario”, y que tiene su base en un derecho fundamental que recoge nuestra constitución en su artículo 24. Por lo tanto, las pruebas directas ayudan, y mucho. El problema surge cuando esto no es así y nos encontramos con el hecho de que tenemos una, o como mal menor muchas, todas poco concluyentes, entonces ¿dónde está la frontera entre el absolver a un culpable o condenar a un inocente? El juez o tribunal está facultado para actuar acogido al principio de libre valoración de la prueba, pero al final tendrán que motivar sus sentencias, y de este detalle dependen que prosperen o no muchos recursos.

Mientras escribo, y no puedo mentirles, hago un gran esfuerzo para no desviarme mucho de un artículo  generalista, y comentar la sentencia que condena a Breton y que descansa sobre mi mesa, a escasos metros de mí, en espera de que continúe con su lectura. Son 32 folios, pero debo decirles que solo he leído los cuatro primeros, suficientes para estremecer a cualquier ser humano normal. La próxima semana hablaré de ella. Este artículo será la antesala de la misma.

Retomándolo… Podemos decir que las huellas digitales son el ADN. Las dactilares surgen como herramienta criminalística de la mano de Iván Vucetic ,natural de la Isla de Hvar, lo que sería la actual Croacia, pero no fue aquí donde desarrolló todo su potencial, sino que lo hizo en Argentina ya con el nombre de Juan Vucetich. Hoy en día, a pesar de la gran aportación que nos hizo Whatson y Crick con el ADN, los avances en torno a las huellas dactilares no están estancados, ni mucho menos, si no que avanzan, bien, porque no debemos olvidar que las bases de datos de estas son de una gran riqueza. El mayor y primer inconveniente que nos podemos encontrar con las dactilares es que sólo en un porcentaje muy pequeño tienen la calidad suficiente para que nos puedan servir, y en ese sentido van los nuevos avances llegan nuevas formas de visualizar las huellas ocultas. ¿Quedarán atrás los polvos magnéticos negros o los white? No lo sabemos, pero, son totalmente combinables con esta nueva técnica que aprovecha la carencia de electricidad de los pliegues de las huellas mediante sustancias electrocrómicas, que nos muestran una huella clara, aprovechable, incluso en metales.

www.sergiogarciacruz.com