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Residencia – Francisco Pomares

   

Paulino Rivero descubrió el impacto político del término residencia, cuando comenzó a manejar estados de opinión regionales y se encontró por primera vez con el dato social del rechazo hacia los de fuera. En toda su carrera política previa, Rivero jamás se interesó por el nacionalismo o por el rechazo hacia lo extranjero. Hasta que asumió la presidencia de la federación nacionalista, que compatibilizará durante años con su trabajo como mandamás efectivo en ATI, no existe ni una sola declaración sobre el Archipiélago o sobre Canarias, mucho menos sobre soberanía, nacionalismo o cuestiones identitarias. Pero nada más incorporarse a la presidencia de Coalición, algo que ocurre en año preelectoral, Rivero recibe de Hermoso el encargo de hacer un macrosondeo político en el Archipiélago. Tras analizar sus resultados, lo que más llamó su atención de Rivero fue constatar la existencia de un importante rechazo a lo foráneo -más alto en la población del Archipiélago que en la de otras regiones españolas y en la media nacional-, que se manifestaba más presente entre los votantes y simpatizantes de Coalición Canaria, y aún más en sectores abstencionistas que se declaraban potencialmente próximos a Coalición. Fue a partir de ese momento cuando la residencia se convirtió en el elemento recurrente con el que Rivero define su nacionalismo electoral. Desde 1999, la residencia, presentada de una u otra forma -primero como anteproyecto de ley, luego como debate paralelo al de la reforma del Estatuto, como manifestación xenófoba, como aportación parcial a todas y cada una de las campañas electorales de Coalición o por último -con Rivero ya en el Gobierno- como condimento de propuestas sobre segundas viviendas, planes de empleo, o segundas maletas, Rivero no ha dejado de acudir a la palabra mágica -residencia- cada vez que se acerca tiempo de urnas. Lo de menos es que en seis años de Gobierno, ni uno sólo de los anuncios de Rivero sobre el valor de la residencia como elemento de preferencia haya llegado tener algún valor práctico para los ciudadanos de esta región. Eso importa poco… Se trata de insistir en un discurso político que otras veces atrajo a las urnas al votante que siente odio o desprecio por lo de fuera. Les funcionó en 1999, en 2003, en 2007 y en 2011. Pero ahora residencia suena otra cosa: suena a un certificado casi medieval que los canarios tenemos que presentar en los aeropuertos porque un buen amigo de Rivero hizo trampas de las gordas con las subvenciones a la movilidad de los canarios entre las islas. No sé yo si en 2015 lo de la residencia les volverá a funcionar…