X
las pequeñas cosas>

El trato – Irma Cervino

   

Nos hemos quedado sin Carmela. Al final, después de recorrer toda la ciudad en busca de trabajo, le han ofrecido uno en la tienda de la esquina. De momento, desconocemos los términos del contrato -si es que lo tiene- porque el dueño, el señor Chen-Yu no parece que esté por la labor. La abuela Padilla se lo ha tomado muy mal porque la limpieza de la escalera siempre ha sido una seña de identidad de nuestro edificio desde los tiempos en que Úrsula era presidenta. De hecho, ya se nota el abandono y el martes me encontré dos cigarros y una lata de cerveza en el rellano del segundo piso. Enseguida fui a casa de la Padilla a comunicarle lo que había visto, sobre todo porque estaba segura de que era obra de su hijo Tito que desde el accidente con el chupito de lejía, que le quemó las cuerdas vocales, anda todo el día tirado en las escaleras, pues no tiene con quien hablar. Obviamente, a la Padilla no le sentó nada bien lo que le dije y me echó en cara que, sabiendo lo ocupada que está ahora sin Carmela, le fuera con esa tontería. Al regresar a mi piso, Juanpe, el padre del bebé, que ya terminó de pintar la fachada del edificio y que había escuchado la conversación, me dijo que Chaxi, su mujer podría hacerse cargo de la limpieza de la escalera y, en cierta forma, devolver el favor de que puedan quedarse sin pagar en el piso del propietario. “Si no hubiera sido por la buena fe de todos ustedes, ahora estaríamos tirados en la calle”, me recordó. Le dije que por mí no había problema pero que esa decisión le correspondía a la Padilla. Para sorpresa de todos, ésta se negó en rotundo, alegando que hasta que el bebé no cumpla los seis meses, y tiene dos, no permitirá que su madre trabaje. Cuando se enteró, Bernardo, el taxista, le dijo de todo a la presidenta, sobre todo porque el portal huele fatal y el jueves trajo a una media novia que tiene y tuvo que pedirle que se tapara la nariz hasta que llegaron a su piso. Úrsula y Brígida ya han amenazado con denunciar la situación a Salud Pública.Viendo cómo se estaba poniendo la cosa, la Padilla fue a la tienda donde trabaja Carmela y le dijo al señor Chen-Yu que, ya que le había robado a su trabajadora, al menos le compensara de alguna forma. Lin Yao, la hija de Chen-Yu, recién llegada de China, es la encargada, desde ayer, de limpiar las escaleras del edificio. Al parecer, llegaron al acuerdo de que la joven devuelva el brillo y esplendor al edificio a cambio de que le enseñemos un castellano perfecto. En una circular urgente, la Padilla nos ha comunicado que, a partir de ahora, cuando nos encontremos con Lin Yao, cada uno de nosotros tenemos que enseñarle una palabra nueva. “De no ser así, subirá la cuota de la comunidad para la limpieza de la escalera”, añadió.

@IrmaCervino