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Vacaciones – Por Blanca Delia García

   

Nada me gustaba y nada me gusta más. Cogíamos la guagua a las 10 y en media hora llegábamos al paraíso: la playa. El sol brillaba con intensidad aquellos maravillosos días de verano, en los que aún éramos pocos los que disfrutábamos de El Médano, mi lugar de vacaciones por excelencia, al que siempre vuelvo. Luz, aire, agua, amigos, familia, risas… La mejor época del año está en pleno esplendor y toca aprovecharla. Ningún político, ni siquiera Rajoy y su desvergüenza al escoger un día tan señalado como hoy para comparecer en el Congreso, ensombrecerá la felicidad de estos días. Me voy al Sur, a mi Isla, un lugar mágico, no porque lo digan falsas campañas publicitarias ideadas por grupos empresariales contratados desde las instituciones con el dinero de todos, sino porque para el mes de agosto no hay verdad más verdadera: nada más reconfortante que las frescas aguas del Atlántico; ningún paisaje más relajante que la visión del horizonte desde la cálida orilla del mar. A las dos debíamos estar en casa para almorzar; solo disponíamos de dos horas y media para disfrutar del destino. La guagua de vuelta salía a la 1, pero no había tristeza en nuestras caras. Volvíamos felices, renovado el color de nuestra piel, y sabedores de que mañana jugaríamos de nuevo entre la espuma y la fuerza de las olas. Allí aprendimos a nadar hasta no tener más fuerzas, para luego tumbarnos sobre la arena y dejar que el sol secara nuestros cuerpos; descubrimos la fuerza de la naturaleza, capaz de moldear montañas y dibujar paisajes, y conocimos las mareas, además de la influencia de la luna, que se asoma cada noche para iluminar y dar vida a las rocas.

Hoy vuelvo a la felicidad de El Médano. Hay que disfrutarlo antes de que acaben con él aquellos que se han empeñado en construir un puerto, enarbolando una bandera de progreso, con la que tratan de esconder ansias de riqueza y desprecio a los valores naturales de esta tierra. Yo no quiero cometer el mismo pecado, y por eso los voy a abandonar durante unas semanas, en las que no habrá recortable. Seguro que no lo echan de menos. Lo más probable es que ustedes también se dediquen a recuperar sueños de infancia, descubrir nuevos mundos o dejarse mecer por el viento. No lo duden y sáquenle rendimiento al tiempo. Siempre se puede, aquí más que en otros lugares, pues vivimos en un enclave de ensueño. Carguemos la mochila con nuevas historias, nuevas imágenes y nuevas ilusiones. Puede que nos tropecemos por alguno de nuestros parajes de inolvidables y, desde luego, muy recomendables pero, en todo caso, nos encontramos en septiembre.