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El verano de los espías – Por Antonio Pérez Henares

   

El verano ya tiene serpiente. Los espías de Pedro J. dice que lo siguen, le graban y que le hacen fotos en los restaurantes y las calles. Hombre, que a Pedro J. le hagan fotos suena a algo muy normal. Es una de nuestra mayores celibritis. El más famoso de España, reverdecidos sus laureles por obra y gracias de Bárcenas y hoy cualquiera con un móvil te hace un retrato para enseñarlo en la terraza. Y no tiene por qué ser un espía, sino a lo mejor una señora prendada.

Pero en esto de grabar, sin duda a quien puede preguntarle, porque es todo un especialista en la materia, es a su nuevo amigo, su fuente de los siete caños, el “guardado” Bárcenas. Según secretean sus recaderos lo graba todo y a todos. Desde hace lustros lleva en esa tarea, atesorando, amén de los milloncejos, todo tipo de papeles, SMS, conversaciones y todo lo que ha podido acumular para el momento, ahora producido, en que lo cogieran con las manos en la masa y en la pastizara.

Actitud esa, la del ahora beato arrepentido Bárcenas que si algo prueba es su negra y culpable conciencia. Porque quien eso hace es porque es muy consciente de la suciedad de sus actos y lo delictivo de sus hechos. Las gentes inocentes no andan grabando a compañeros de trabajo, de partido y a todos aquellos a los que se le ponen al teléfono para el día en que pueden chantajearlos con ello.

Me preguntaba el pasado jueves, antes justo de iniciarse el debate en el Senado y ante los micrófonos de COPE, algo que me parecía y me sigue pareciendo muy lógico preguntarse. Si el tal Bárcenas ha grabado a todo bicho viviente a su alrededor, quien les dice a sus interlocutores, a sus amigos de ahora, que no lo ha hecho también con ellos. Esos hábitos algunos no los pierden y nada más coherente que seguir haciendo uso por lo que con estos nuevos “compañeros de viaje” pueda acaecerle mañana. ¿Por qué no va a haberlos grabado también a ellos y sus conversaciones y pactos secretos? Alguno lleva unos cuantos días pensando con cierto susto también en ello.

Y Pedro J. ese mismo jueves por la tarde empezó a denunciar y ver espías por todas las esquinas. Del Gobierno y mandados por Rajoy, claro. Unos mortadelos más torpes que el del tebeo a lo que relata. Y uno se malicia que a lo mejor hay venda antes de una herida y que echarle las culpas a los secretas o a los servicios secretos puede ser una fórmula de curarse en salud.

Porque quién nos asegura y quién les asegura a quienes ahora son los filtradores de todas las “bombas” de Bárcenas que no hay constancia de sus reuniones, que no hay una cinta de esa conversación de cuatro horas de la que conocemos la versión de Pedro J. Sabemos lo que decía Bárcenas, porque ya lo había dicho en persona, por esposa interpuesta o por emisario recadero a bastantes otros que quisieron escucharle y otros se prestaron a hacerle el juego.

Algunos no lo hicimos y si tienen también constancia registrada de la negativa aparecerá en ella que una de las causas era porque no estaba dispuesto ni a que me utilizaran ni a que me grabaran.

Sabemos cuáles han sido las “razones”, las “amenazas” y las anunciadas “bombas atómicas” de Bárcenas desde hace meses. Pero lo que no sabemos es cuáles han sido las palabras y quién sabe si promesas y compromisos de sus interlocutores. Sabemos lo que le dijo Bárcenas a Pedro J. pero no sabemos lo que Pedro J. le dijo a Bárcenas. No sabemos eso y pudiera ser muy relevante lo pactado.

Relevante incluso desde el punto de vista judicial, relevante incluso para un sumario. Desde luego y periodísticamente hablando de sumo interés informativo. ¿Quién no publicaría Las conversaciones secretas de Bárcenas y Pedro J.? Alguno hasta podría inducir el titular y poner “Pactos”. Pues eso, que Pedro J. ve espías y a lo mejor quien le tiene grabado es su socio.