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La verdad simulada y diferida – Por Rafael Torres

   

Diríase que la cúpula del Partido Popular desconfía de la célebre aseveración de Jesucristo recogida por San Juan en su Evangelio (8.32): “La verdad os hará libres”. O, cuando menos, en lo tocante a Bárcenas. Diríase, ciertamente, que la cúpula del PP sospecha lo contrario, es decir, que la verdad desnuda, no esa simulada y diferida que tanto han glosado Floriano y Cospedal, no sólo no proporciona libertad, sino que a más de uno podría privarle de ella.
Tres secretarios generales del PP, Cascos, Arenas y Cospedal, desfilan el martes y el miércoles por la Audiencia Nacional para deponer sobre las revelaciones del gerente del partido a sus órdenes, a las órdenes de todos ellos, y sobre el resultado de las pesquisas policiales y judiciales que confirmarían su veracidad. ¿Qué sabían de esos “sobresueldos” procedentes de una supuesta caja B, alimentada presuntamente por “donaciones” cuyos montos rebasaban en mucho el límite legal y cuyos propósitos nada tenían que ver con la filantropía? Algo debían saber si, como parece irse acreditando, recibieron ellos mismos, por esa vía, más de 350 millones de pesetas entre los tres. ¿Y Rajoy? ¿Qué sabía Rajoy? ¿Qué podría decir Rajoy que no nos dice? Pero a Rajoy habría, como si dijéramos, que echarle de comer aparte.

En ese aparte, en ese rancho aparte, el todavía presidente del Gobierno podría explicar por qué mintió de nuevo, otra vez, al asegurar en el Senado que Bárcenas ya no estaba en el partido cuando él se hizo cargo del Ejecutivo: no sólo estaba en el partido, sino que era el que más ganaba, unos treinta y tantos millones de pesetas anuales. ¡Oh, Dios! ¡Qué extraña y contumaz adhesión a la verdad simulada y diferida! ¡Qué aversión a la verdad unívoca! ¡Qué resistencia a la libertad de espíritu que solo ésta proporciona!

Lo cierto, en tanto el juez Ruz vaya sustanciando más y mayores certezas, es que, al contrario de los simulados y los diferidos, la gente sí quiere ser libre y necesita para ello saber la verdad. La verdad desnuda. Esa que el Partido Popular parece temer que le conduzca al finiquito-finiquito.