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... y no es broma>

Vivir en la red – Por Conrado Flores

   

Marta es un chica de veintipocos años. Es introvertida y le cuesta relacionarse con los demás, especialmente con los chicos, ya que está convencida de que solo atrae a los equivocados. Su fuerte no es el aspecto social, pero no porque no tenga cosas interesantes que decir y compartir, sino por los problemas de autoestima que arrastra desde que era adolescente. Debido a su falta de confianza, se ve a sí misma carente de atractivo y ha asumido que en persona nunca tendrá la locuacidad y la chispa que tiene en las redes sociales. En su perfil no suele poner su foto sino la de algún personaje fantástico o un mito erótico como Marilyn Monroe o Audrey Hepburn. A través de la red ha hecho cientos de amigos con los que comparte fotos, vídeos, pensamientos, inquietudes… Ahí dentro se siente segura, no se siente juzgada y su volumen de posts son la medida de su popularidad. En el mundo virtual se siente cómoda y puede huir de una conversación incómoda en menos de un segundo. Con un solo golpe de ratón su interlocutor desaparece de un plumazo, sin necesidad de despedidas, de malas caras y sin pasar un mal rato. Allí encuentra aceptación y presencia social con un estrecho margen de error. Porque la idea es no sufrir, que para eso ya tiene el puñetero día a día.
Alguien podría decirle a Marta que vive una realidad paralela, que a través de la red está viviendo una mentira o que oculta su verdadero yo tras la pantalla de un ordenador. Pero ¿quién es realmente Marta? ¿Quién la conoce realmente? ¿Y si su verdadero yo es el online? ¿Y si su vida paralela es su vida real? Porque todo depende del lugar en el que vivas. Y ella vive en la red.

En una ocasión fui tutor de una alumna de 16 años, reservada y distante, que apenas se relacionaba con dos compañeras. A pesar de que por escrito era brillante, rara vez tomaba la palabra en el aula para hacer valer sus opiniones e ideas. Del mismo modo, tampoco gozaba de gran estima por parte de la mayoría ya que la veían una chica huraña sin ningún interés por integrarse en el grupo. No pasó mucho tiempo hasta que me enteré de que dicha alumna era casi una superestrella en las redes sociales, con un número récord de amigos y una actividad frenética durante las 24 horas del día. Allí dentro estaba su vida. Y supongo que allí seguirá viviéndola.