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Bacterias con botas de fútbol – Por Óscar Herrera

   

Busco argumentos sólidos para autoconvencerme de que la errática trayectoria del Tenerife en estos primeros partidos (Liga y Copa) va a cambiar para mejor, y que no estamos ante el inicio de otra temporada que nos puede volver a conducir a ese lugar innombrable donde estuvimos dos años. Muy pronto los encuentro. Y lo hago con una palabra que se me viene rápido a la cabeza y que define a este grupo de jugadores y a los profesionales que los dirigen: compromiso. Sé que no es suficiente, y que solo con compromiso no se marcan goles ni se ganan partidos, pero creo firmemente en que lo segundo acabará llegando.

El vestuario del Tenerife, del actual Tenerife, es sano. No está contaminado por ningún patógeno interno como sucedió hace tres años cuando acabamos descendiendo. En aquel momento había varios. Bacterias con botas de fútbol que se tomaron a coña marinera el escudo y la camiseta y jamás comprendieron lo que se traían entre manos, y que se les fue de las mismas sin que se dieran cuenta.
Un virus que se contagió cual legionella por todos los rincones del Heliodoro sin que desde la central del Callejón del Combate supieran reaccionar. Bueno, miento. Si reaccionaron. Se cepillaron a Arconada (el demonio vestido de entrenador), luego a Mandiá, a Tapia, y por último a Amaral; ese que nos iba a guiar hacia la recuperación de la categoría perdida y que perdió el puesto cuando los asesores de Concepción le convencieron de que era mala idea, y lo lanzaron a los brazos de Quique Pina. Con todo este breve resumen de lo sucedido hace tres años, quiero expresar que ahora no existe nada de lo que pasó en aquel momento, con lo que no se detectan en este Tenerife 13-14 signos de descomposición deportiva, ni hay fractura entre jugadores y entrenador como pasó en aquella campaña, o que se está viendo, por ejemplo, en el Mallorca de José Luis Oltra. Cervera no es el demonio, y tampoco hay ningún agente infeccioso en este vestuario. Todo lo contrario.

Errores los hay. Desde la confección de la plantilla, hasta la falta de agresividad y de instinto asesino en los partidos. Pero aunque lo primero no se puede corregir, lo segundo si. Y con esta plantilla corta de recursos ofensivos, pero rica en talento y voluntad, se puede tirar para adelante y dejar a cuatro equipos por debajo y salvar el año allá por el mes de junio cuando se baje el telón de la liga.
No sé si serán 50, 49, o 52 los puntos necesarios, pero el puesto 18 es al que debemos de agarrarnos, sin dejar de intentar de mirar algo más arriba. No peco de optimismo, pero tampoco de pesimismo. A pesar de las dudas que nos asaltan en estos momentos, esto no es como empieza sino como termina. Y creo que no ha terminado todavía, ¿verdad?