X
CD TENERIFE >

El Tenerife engorda su negra leyenda copera

   

El delantero vasco Urko Vera celebra el gol de la victoria. / JOSUNE MTZ ALBÉNIZ

El delantero vasco Urko Vera celebra el gol de la victoria. / JOSUNE MTZ ALBÉNIZ

MARTÍN-TRAVIESO | Santa Cruz de Tenerife

La historia se repite por enésima ocasión. El CD Tenerife se empeña, temporada tras temporada, en despreciar la Copa del Rey, tanto que lleva desde el curso 93-94 sin pasar una eliminatoria copera jugando el partido decisivo a domicilio. De eso han pasado ya 20 años. Es más, la derrota encajada ayer en Ipurúa marca la quinta campaña consecutiva en la que el Tenerife no logra pasar de la primera ronda. Le bastó al Eibar con un solitario gol, anotado por Urko Vera tras un rechace, para mostrar de nuevo las carencias que tiene el equipo de Cervera, que juega bien y crea ocasiones, pero no sabe aprovechar ni una sola.

Saltó al campo el Tenerife con un equipo plagado de suplentes, en donde únicamente Moyano, Bruno y Quique Rivero repetirían con respecto al último encuentro de Liga frente al Barça B. Los protagonistas eran otros, pero el funcionamiento colectivo fue el mismo. Los blanquiazules fueron durante muchos minutos superiores a su rival, creando incluso ocasiones de sobra para adjudicarse la eliminatoria, pero las desaprovecharon todas. Ante la portería rival, donde se decide el fútbol, es una escuadra inocente, blandita e incapaz de crear preocupaciones serias a la defensa rival.
La primera mitad se la adjudicaron los visitantes, que ayer vestían totalmente de blanco. Llevaron el peso del partido prácticamente de principio a fin. Basta con decir que fue Rivas el mejor de los suyos para dejar claro que los armeros apenas inquietaron la meta del debutante Roberto.

Las ocasiones para los blanquiazules se fueron sucediendo una tras otra, con más o menos peligro ciertamente, pero siempre correspondían al bando de Cervera. La más notable llegó justo antes de llegar al descanso. Chechu Flores tuvo la oportunidad más clara del partido, al rematar de cabeza un centro por banda izquierda que el portero local acertó a despejar con algo de lucimiento, ya que el cabezazo no había sido tan potente.

Tras el paso por los vestuarios, las fuerzas se equilibraron. La actitud del Eibar cambió y Jota Peleteiro se erigió como el gran protagonista del partido. El ex del Castilla jugó e hizo jugar a sus compañeros. Precisamente de sus botas nació el único gol del partido. Corría el minuto 53 cuando un balón a la espalda de la zaga tinerfeña no fue bien medido por Alberto. A Jota no le hizo falta tocarla para controlarla, pero su disparo final lo repelió Roberto. No obstante el rechace le llegó a Urko Vera, que estaba en la posición de los verdaderos killers. A puerta vacía, el delantero vasco no desperdició el regalo. 1-0.

Acusó el golpe el cuadro insular al principio, sin embargo poco a poco el Eibar fue cediendo de nuevo la posesión del esférico a su contrario. Eso, unido a que el cuerpo técnico decidió jugársela metiendo en el campo a todo el arsenal ofensivo que tenía (Aridane, Ros y Guillem), el control del partido lo recuperó el Tenerife. Aún así, el primer disparo con cierto peligro de la segunda mitad llegó en el minuto 33, por mediación del lateral Salva.

Tras recuperar el dominio, el siguiente paso fue buscar un juego más directo, y así llegaron un par de ocasiones dignas de mención.
La primera fue de Ricardo, con un disparo lejano que aprovecha el portuense tras llegarle un rechace de un balón colgado. Acabó atrapando Diego Rivas, como siempre. Luego fue el turno de que apareciera en escena Aridane, quien gozó de otro claro remate, de cabeza, que acabaron despejando, in extremis y sobre la línea de gol, el portero y el defensa Kijera.
Mientras, los jugadores eibarreses se dedicaban a jugar al contragolpe y verdaderamente lo hacían con peligro. Jota seguía siendo el más incisivo y el mejor, como demostró cuando disparó desde la frontal del área. Sacaría Roberto con una buena mano.

Un año más, el CD Tenerife cae eliminado en copa a las primeras de cambio. Una pesadilla que no parece tener fin.