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Escuelas felices – Por José Juan Rivero

   

En estos días en los que me encuentro preparando la inminente vuelta al colegio de mis hijas, reflexionaba sobre la importancia de nuestra infancia como elemento fundamental para nuestro futuro desarrollo como personas adultas. Nuestras emociones, pasando por la autonomía personal y nuestra personalidad, se van forjando a lo largo de nuestra infancia. En el campo de nuestras emociones, los estudios de la psicología del desarrollo sitúan el proceso evolutivo del apego como pilar, donde se cimentan las bases de una gestión adecuada de las mismas.

Además, nuestra personalidad se va conformando a lo largo de ese proceso evolutivo, jugando un papel crucial el entorno más próximo, con lo que la familia y la escuela son esenciales en ese proceso de construcción personal. Por estas razones, se deberían de fomentar elementos esenciales como la felicidad, y el bienestar personal y social desde los primeros años de nuestra vida.

Una apuesta en esa dirección son las escuelas felices, donde la felicidad se coloca en el centro del plan de estudios, con el fin de potenciar el optimismo, la felicidad y el bienestar personal de alumnos y alumnas. La idea central de estos programas consiste en desarrollar elementos esenciales de nuestra vida que nos preparen para gestionar las dificultades vitales, así como enseñar las herramientas que potencien a que las personas se planteen su vida como un constante crecimiento. No estamos hablando de una utopía, ni creemos en cuentos de hadas, estos proyectos se basan en las investigaciones realizadas desde el campo de la Psicología Positiva, así como en diferentes experiencias desarrolladas en Estados Unidos con estudiantes de secundaria y bachillerato. En España, concretamente en Zaragoza, se está implementando el programa Aulas Felices en más de setenta centros educativos, con resultados excepcionales.

La escuela es y debe de ser centro de unión de la comunidad educativa, favorecedora de espacios de convivencia, donde padres, alumnos y profesores opten por modelos basados en el bienestar, para así preparar a nuestros hijos e hijas dándoles las competencias, que les hagan ser personas orientadas al crecimiento personal, que sean capaces de salir enriquecidas de los problemas y situaciones que les presente la vida, de entender los cambios y vivirlos desde la oportunidad. Obviamos lo importante, debemos de formar a personas, reitero, que sean protagonistas de sus vidas desde la entrega encontrando sentido así a su existencia. Y lo podemos hacer en escuelas felices.