X
a babor >

Lo peor – Por Francisco Pomares

   

El debate sobre el petróleo se ha convertido en una nueva demostración de la incapacidad de nuestra sociedad para encarar su futuro con rigor y algunas dosis de razonable desapasionamiento. A estas alturas nadie ha sido capaz de plantear al mismo tiempo las ventajas e inconvenientes de la explotación petrolera. Para el Gobierno de Canarias, todos son desventajas. El petróleo es sucio y contaminante, destruirá nuestro atractivo turístico, no creará ni riqueza ni puestos de trabajo y su extracción puede provocar terremotos. Para el PP canario y el ministro Soria, el petróleo es la panacea: acabará con el paro, nutrirá de nuevos impuestos las arcas canarias y permitirá la industrialización de las islas y su diversificación económica, con un control absoluto de la contaminación y sin riesgo ninguno de posibles vertidos. Los argumentos se convierten en consignas y las consignas en mentiras adornadas con medias verdades, declaraciones y posicionamientos. Pero el hecho es que la extracción de petróleo -como toda actividad industrial- tiene ventajas e inconvenientes y que la decisión final sobre las extracciones debería sostenerse sobre una información que nos permita determinar la relación existente entre los beneficios y los riesgos.

Es por eso que -sin ser apriorísticamente partidario de las extracciones- no comparto la posición del Gobierno de Canarias, que se niega incluso a saber si hay petróleo frente a nuestras costas, si es rentable extraerlo y si pueden negociarse beneficios para las islas. La posición del Gobierno se me antoja absolutamente maximalista, y además creo que obedece a un interés ajeno al asunto: Rivero se ha sumado a la oposición al petróleo porque necesita el apoyo de los nacionalistas de Lanzarote y Fuerteventura a su candidatura, el único apunte de la agenda política presidencial. Su recién descubierto interés por el ecologismo contrasta con el silencio de su Administración en relación con la Refinería de Santa Cruz, de la que -según Rivero- “ahora no toca hablar”. Dicho eso, no deja de sorprenderme (para mal) el discurso político del PP sobre el petróleo, plagado de incongruencias, contradicciones y alguna chulería. La última de Soria anunciando que pedirá perdón a Marruecos por la afrenta canaria, produce grima. Y en cuanto a los argumentos del PP canario sobre la bondad de las extracciones, no ayuda mucho el contundente criterio en contrario de sus correligionarios de Valencia y Baleares. Sinceramente, cada vez encuentro menos sentido común en las posiciones de uno y otros y más bellaquería y miseria intelectual. En su extraordinaria novela Oil!, Upton Sinclair dice que el petróleo saca lo peor de cada uno de nosotros. Por lo menos en Canarias, esa sentencia se demuestra absolutamente cierta.