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Maldito damero – Por Rafael Torres

   

Al Gobierno británico y al de los Estados Unidos les importa mucho, de pronto, la opinión de sus nacionales, de suerte que antes de hacer lo que anunciaron al mundo que iban a hacer en relación con Siria, no sólo quieren escuchar a las cámaras donde reside su representación política, sino someterse a lo que ellas digan. Está bien, es lo suyo en democracia, y mucho más tratándose de acciones exteriores de guerra, cuyo gasto, así en vidas como en recursos, corre siempre de cuenta de los pueblos y no de sus dirigentes, pero a nadie le ha pasado desapercibido el hecho de que esa súbita sumisión a la voluntad de los ciudadanos se ha producido inmediatamente después de que China y Rusia, sus contrapoderes, amigos y abastecedores de Al Assad, les amenazaran con las “imprevisibles consecuencias” de tocar una pieza tan sensible del damero de Oriente Medio. La opinión pública internacional se halla, más que dividida, abrumada ante el dilema de intervenir o no militarmente contra el régimen genocida de Damasco. Las guerras son todas nefastas, su duración es incalculable, y sus efectos, devastadores. De otra parte, ¿sirve la escalada bélica y la internacionalización del conflicto para detener la carnicería? ¿Cuántos civiles más, y cuántos soldados a la fuerza, civiles también en puridad, sucumbirían con la intervención? ¿Más o menos que sin ella?