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Muévase – Por Alfonso González Jerez

   

Ignoro gnoro si José Miguel Pérez, vicepresidente y consejero de Educación del Gobierno de Canarias leerá este artículo; me traen absolutamente sin cuidado las lecturas periodísticas de este ectoplasma que cree que la política es acudir a un despacho de ocho a seis y practicar un mesurado postureo progresista entre los bostezos de su propio grupo parlamentario desde la tribuna del Parlamento. Pero si tal cosa ocurre, si el consejero o alguno de sus tiralevitas lo lee, me gustaría que Pérez se imaginase en su mesa de trabajo todos los días con un hombre grande, amazacotado y sonriente instalado en una esquina del despacho.

Imagíneselo usted, Pérez, esa sonrisa bovina de la que cae un delgado hilo de saliva mientras le observa cada mañana, porque usted no puede hacer nada, absolutamente nada, por suprimir la presencia del hombretón baboso en su despacho. Usted, el consejero de Educación, se ha dirigido a los secretarios, lo ujieres, al personal de prensa y a las señoras de la limpieza, pero todos le dicen, Pérez, escúchelo bien, que no pueden hacer nada, absolutamente nada al respecto, y alguno, incluso, ha insinuado si usted se encuentra bien y no le convendría ponerse en tratamiento psiquiátrico. Así que todas las jornadas, consejero de Educación, usted se sienta ahí, en su despacho, temeroso y asqueado, escrutado por la mirada cariñosa y anhelante del hombretón, y lo peor es que a veces se levanta, se acerca a su mesa, mira por encima de su hombro lo que usted está leyendo o escribiendo, lanza un gutural gritito de entusiasmo y sí, le acaricia la nuca suavemente, se la acaricia durante interminables minutos, y cada uno de los gordos dedos parece a punto de lanzarse a explorar por su cuenta, y usted, consejero de Educación, siente el aliento del hombretón, un aliento caliente y caldoso, usted puede prácticamente adivinar lo que ha desayunado el hombre y siente gravitar a su espalda noventa kilos a punto de derrumbarse sobre usted, Pérez, y está usted solo, y sabe que mañana, que la próxima semana, que al mes siguiente, en fin, encontrará a este tarado baboso esperándole en la esquina de su despacho, con sus manos libres, con su aliento preparado, con sus expectativas apenas contenidas. Usted es su espectáculo, su gozo y su tentación. En el colegio Juan XXIII de Tazacorte un pedófilo, condenado por un tribunal por abusos sexuales, sigue impartiendo clases porque usted y su equipo, José Miguel Pérez, les da la gana.

Tenga vergüenza, ejerza usted su responsabilidad, y suspéndalo de empleo y sueldo. Tenga vergüenza, joder, que también los ciudadanos le pagamos la vergüenza, José Miguel Pérez.