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Nino Manfredi – Por Luis Ortega

   

La pasada Mostra de Venecia cumplió setenta años y El verdugo, pieza capital de nuestra cinematografía española medio siglo. Por la astucia para burlar las trabas, la cinta pasó la censura pero el embajador en Roma, el ruidoso Sánchez Bella, denunció al Gobierno franquista “el mayor libelo presentado contra España” y, con toda la delegación abandonó la Ciudad de los Canales, mientras Luis García Berlanga recibía el Premio de la Crítica. Meses antes había sido fusilado en Barcelona el comunista Julián Grimau y los anarquistas Joaquín Delgado y Enrique Granado agarrotados en Madrid. Con estos datos, la expectación era enorme y “la historia -según La República- no defraudó porque, en clave de humor negro, es un duro alegato contra la pena de muerte, en un país donde está vigente”. Fue una coproducción hispano-italiana, con guión de Rafael Azcona, Ennio Flaiano y el propio director, fotografía de Tonino Colli y música de Asins Arbó. Abrieron el reparto el veterano José Isbert (1886-1966) el cómico por antonomasia; el italiano Nino Manfredi ((1921-2004), que consolidaba entonces su carrera; y Emma Penella (1930-2007), una treintañera de gran personalidad. Con ellos, un sólido grupo de secundarios de ambos países sirvió a un relato ingenioso y ácido. Jubilado el suegro como verdugo, para mantener la vivienda de protección oficial de la familia, su yerno, empleado en una funeraria, le sucede a regañadientes en el empleo y, previo viaje a Mallorca con la esposa, el hijo y el antecesor, se enfrenta al primer servicio, la ejecución de un reo mediante el atávico método del garrote vil. Después de unos días de relax y espera del indulto, llega la hora de la verdad y al ejecutor novato, después de fracasar los consejos y las recomendaciones lo llevan a rastras como si fuera el propio condenado. Con Vittorio Gassman, Alberto Sordi, Ugo Tognazzi y Marcello Mastroianni, Manfredi constituyó el llamado “quinteto de oro de la comedia italiana” y dejó tras sí una impresionante biografía -más de cien películas- y una sólida actividad teatral y televisiva, además de exitosas incursiones en los campos del guión y la dirección en ambos géneros. Recordó siempre con especial afecto aquella coproducción emblemática “y la extraordinaria calidad de los actores y directores españoles”. Su último papel fue, precisamente, en “La luz prodigiosa”, de Miguel Hermoso, donde encarnó a un García Lorca, privado de memoria, rodada en 2003 y estrenada tras su muerte con excelentes críticas en toda Europa.