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Un nuevo sistema económico (y II) – Por Jaime Rodríguez-Arana

   

Según Branson, tenemos que ir más allá de la austeridad de manera que el gobierno haga causa común con los empresarios y los trabajadores, estimulando la creación de nuevas compañías, explorando soluciones para que el paro no siga aumentando, compartiendo el trabajo. Mucha gente, afirma Branson, firmaría si se le da la opción de trabajar tres o cuatro días a la semana, si es por salvar el puesto de trabajo de un compañero. El capitalismo en estos últimos tiempos, dice Branson, ha perdido el camino porque muchas empresas se han olvidado de su papel en el largo plazo. Las personas son lo importante. Nos hemos olvidado de la centralidad del ser humano, cualquiera que éste sea, y hemos subrayado el beneficio por encima de todo. Según Branson, hay que humanizar el capitalismo y acabar con la idea de que una cosa es hacer el bien y otra hacer negocios.

Este polémico empresario, una de las principales fortunas del Reino Unido, reinvierte, como es sabido, los beneficios en actividades de mejora social que, más adelante, le proporcionan, es lógico, cuantiosas utilidades. Los beneficios de su aerolínea los dedica a las energías limpias, en concreto buscando un nuevo combustible para sus aviones a partir de los desechos industriales. La conexión entre los emprendedores sociales y empresariales, según Branson, funciona, y de qué manera. En su reciente libro sobre la crisis económica y financiera apela a la creatividad, al ingenio, a la iniciativa, a combatir el pesimismo: la prueba y el error son magníficos métodos de aprendizaje. Es decir, el capitalismo debe ser reinventado desde sus principios, apostando por el pensamiento abierto y complementario, desde la centralidad del ser humano y buscando nuevas formas de generar riqueza en las que el ser humano crezca como persona. Desde luego si no nos arriesgamos y no tomamos iniciativas, las cosas seguirán como hasta ahora. Más o menos conocemos las causas de lo que nos ha pasado.

Estos días nos hemos enterado de que un becario de una institución financiera de la city londinense falleció después de trabajar 72 horas seguidas. Al hilo de la noticia, salen a la luz algunas de las condiciones laborales de la nueva esclavitud a que nos conduce este sistema capitalista que tenemos: semanas de 110 horas laborales, suicidios desde una famosa azotea por no seguir el ritmo marcado por los patrones, consumo de sustancias para mantenerse en el circuito… ¿Hasta cuándo será posible mantener este perverso sistema económico, político y social en el que unos pocos, a través de sutiles estrategias de manipulación, consiguen mantenerse en el poder mientras millones de ciudadanos miran para otro lado?. Esa es la pregunta. La solución depende de nosotros.