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La reforma inviable – Por Francisco Pomares

   

El PSOE canario pretende forzar una nueva reforma del Estatuto de Autonomía en esta legislatura, en la que se incluiría el cambio de las normas electorales. Por eso, Julio Cruz y Manuel Fajardo han anunciado que no apoyarán la propuesta de cambio de normativa electoral presentada por Nueva Canarias. Se trata de un planteamiento bastante cínico. A fin de cuentas, lo que pretende Nueva Canarias es poco y de absoluta justicia: reducir los topes electorales surrealistas que dejan fuera del Parlamento a 200.000 votantes de las islas.

Si el PSOE se opone a esa modificación, porque quiere incorporar la reforma de la normativa electoral a la del Estatuto, lo que de hecho estará haciendo es bloquear el cambio de la normativa electoral. Porque es obvio que la reforma del Estatuto no va a salir en esa legislatura. Eso lo sabe hasta el último bedel de las Cortes. No hay tiempo para plantearla en lo que queda de legislatura, no hay tiempo para que las Cortes la discutan, y por si eso fuera poco, el Gobierno de Rajoy ya dejó perfectamente claro que en esta etapa no se va a producir ni una sola reforma estatutaria. La agenda política de quienes gobiernan el país es hoy recentralizadora, no autonomista. Cada vez que se ha abierto el melón de las reformas estatutarias se ha liado y no parece que el PP tenga la más mínima intención de meterse en tales berenjenales ahora, en medio de la peor crisis económica de la Historia contemporánea, y con el Gobierno empeñado en apretarle las clavijas a las regiones para tapar su propia incapacidad de frenar el déficit público español.

Canarias perdió la posibilidad de reformar su Estatuto cuando Zapatero abrió la mano para disimular el desaguisado del Estatuto catalán. Ahora es ya muy tarde, ni siquiera Coalición está hoy por reformar el Estatuto, a pesar de que Rivero lo prometió un su última investidura. Y en el PSOE lo saben, aunque quizá aspiren a utilizar como arma electoral la negativa del PP a la reforma. No creo yo que eso vaya en estos momentos a movilizar a mucha gente contra el PP, pero cada cual es dueño de engañarse y planificar sus propias estrategias erróneas. Sin embargo, oponerse a la propuesta de Nueva Canarias de reducir los topes alegando que hay que esperar a la reforma estatutaria es una nada sutil desvergüenza.
Si no se apoya la propuesta de Nueva Canarias es sólo porque al final, a los tres grandes partidos canarios -Coalición, PSOE y PP- les conviene que la normativa electoral siga como está. Entre otras cosas porque ayudará a disimular la debacle electoral que pueden sufrir en 2015.