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Espionaje global – Por Juan Manuel Bethencourt

   

Se puede afirmar sin temor al error que el mundo del espionaje ha perdido todo su encanto. El mismo John Le Carré, gigante literario del género, tiene que buscar nuevos caladeros a la hora de montar sus historias de ficción. Extinguida la Guerra Fría con sus siniestros vericuetos, generadora de la maravillosa serie de Smiley y esa turbia obra maestra llamada Un espía perfecto, sus relatos pasaron a centrarse en el expolio privado del Tercer Mundo (El jardinero fiel) y la manipulación del terrorismo urbano yihadista (Amigos absolutos), entre otras intrigas contemporáneas. Habrá que preguntar al maestro sobre esta nueva derivada del espionaje global, desvelada por los Assange y Snowden de turno -personajes sobre los que Le Carré ya ha expresado su antipatía-, y que atiende a un nuevo método en el que es la tecnología la que asume la tarea antes encomendada al ser humano bien entrenado. Todo ello, con la ayuda de las nuevas multinacionales de la comunicación virtual, animadas por el Gobierno estadounidense a compartir con él los millones de datos que les confían los usuarios de buscadores de Internet y redes sociales; al final, el espiado lo es a través de las propias concesiones que hace sobre su privacidad. Todo esto es sobradamente conocido desde hace algún tiempo, y ahora la controversia se ciñe al hecho, ya comprobado, de que el espionaje tecnológico perpetrado por el Gobierno de Estados Unidos, con la venia del premio nobel Barack Obama, ha incluido también a los líderes aliados de la superpotencia, con la canciller Angela Merkel en el centro del escenario. La verdad es que se trata de una práctica muy fea, aunque lo feo en realidad es que haya llegado a ser conocido por el público, una circunstancia que provoca idéntica incomodidad a espías y espiados, porque ambos tienen que salir del atolladero sin poner en riesgo unas relaciones amistosas que además resultan estratégicas en un tiempo tan turbulento. ¿Es un escándalo que un gobierno, el que sea, quiera saberlo todo no solo sobre sus enemigos, sino también sobre sus aliados? Lo es que se sepa, pues todo lo demás hay que pasarlo por el barniz de la habitual hipocresía diplomática. España es, dicen, un país amigo de Marruecos, y sin embargo lo más granado del servicio de inteligencia español tiene puesto el objetivo en este incómodo amigo/vecino. Y que lo siga haciendo. Ha dicho el ministro español de Asuntos Exteriores que el reciente caso de espionaje “quiebra la confianza” entre España y Estados Unidos. Sabias palabras destinadas a no decir nada. A cambio de una reunión con foto en la Casa Blanca, será el propio Rajoy el que le entregue a Obama su teléfono móvil.

@JMBethencourt