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Lo que la verdad esconde – Por Óscar Herrera

   

En periodismo hay para algunos una máxima que parte del error de no contrastar las informaciones, o de, en caso de hacerlo, no dejar que la verdad te estropee una buena noticia. Eso está en el manual de los malos periodistas, que también los hay. No malos por su falta de capacidad, sino malos de ruines, o de malintencionados que sucumben ante una información poco o nada veraz y la anteponen a contar una noticia con todas las aristas de la misma sin importarles las consecuencias, dejando a un lado la ética, el rigor, y la profesionalidad.

Me viene a la memoria una entretenida película de finales de los años 90: Lo que la verdad esconde, del director Robert Zemeckis. En ella, el doctor Norman Spencer (Harrison Ford) traicionó a su mujer Claire (Michelle Pfeiffer). Al no conocer Claire la verdad y haber concluido el affaire amoroso, la vida y el matrimonio de Norman se antojan perfectos, tan perfectos que cuando Claire le hace saber a Norman que oye voces misteriosas y que ha visto la imagen espectral de una joven mujer en su casa, este rechaza su creciente terror haciéndole creer que son imaginaciones suyas. Sin embargo, a medida que Claire se va acercando a la verdad, se hace patente que esta aparición no puede ser rechazada y que ha vuelto a por el doctor Spencer y a por su guapa mujer.

Una historia de fantasmas y cosas que parecen lo que no son. En Tenerife, y en el entorno del CD Tenerife, Álvaro Cervera lleva tiempo oyendo voces no tan misteriosas como las de la película referida. En este caso, Cervera no ve imágenes espectrales en su domicilio, pero poco le falta. Son voces de fantasmas de carne y hueso que ahora parece que solo han estado en la mente del entrenador blanquiazul, pero que no hace falta ninguna psicofonía, ni ningún Iker Jiménez para demostrar que son tan reales como las dos victorias seguidas que ha conquistado el equipo insular en estas dos últimas semanas. Lo que la verdad del Tenerife esconde no es más que una lucha de egos. Un modo de querer llamar la atención viendo problemas donde no los hay, o removiendo las aguas negras de un club que no es precisamente un ente etéreo y espiritual.

El fútbol es así, que diría el otro. Un día te alabo y al siguiente te crucifico en función de resultados y de intereses varios. Cervera no cumple el perfil de Harrison Ford, y menos el de Michelle Pfeiffer, pero sí el de una persona que ha estado oyendo voces que le han ido contando lo que en tertulias de radio y tuits, que luego quedan en el limbo, se ha venido expresando sobre su figura. En él ha estado el saber discernir y captar lo que es más o menos doloso, y aislarse de la cantidad de cosas que se escuchan a diario. Pero no sé de qué nos extrañamos, si aquí todos somos un poco fantasmas.