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después del paréntesis>

Mutis – Por Domingo-Luis Hernández

   

Mi tristemente desaparecido amigo Rafael Umberto Moreno-Durán lo abordó en su casa de Ciudad de México. Para preparar la entrevista de un programa de televisión que presentaba y dirigía en Colombia, sobre la experiencia de los escritores más importantes de América Latina y algunos de España. Los extraordinarios conocimientos y la capacidad de diálogo de Rafael Humberto se manifestaron en el libro Como el halcón peregrino.

Comenzó por la vivienda. Allí la historia sometía al escritor Álvaro Mutis: la aristocracia pegada a los méritos de sus antepasados. De donde, el cuadro de doña Catalina Micaela, hija de Felipe II, no es extraño que se expusiera en la pared más lustrosa, ni que con orgullo nombrara al abuelo botánico que accedió a Colombia desde Cádiz en expedición real.

Bogotá fue el centro y las trampas de un furibundo monárquico (¿qué monarquía?), tanto que se negó a votar en toda su vida, porque votar en su condición era una incoherencia.

Colombia consuena, pues, en el desplazamiento de la familia de Mutis y en el asiento del hijo diligente de las letras: uno de los poetas más singulares de América Latina (Premio Reina Sofía en el año 1997) y uno de los narradores más conspicuos del idioma (Premio Cervantes 2001).

Mas entre 1955 y 1956, el suceso. Mutis era un alto empleado de la compañía norteamericana Esso. Tenía acceso a fondos. Que desaparecieron de manera aleatoria. ¿Por iniciativas culturales, como alegó? La denuncia correspondiente da con su cuerpo en la cárcel. 18 meses entre rejas es una penitenciaría siniestra. La ayuda de su hermano y de dos personajes de alta posición en Colombia lo sacaron del penal con una dirección: Ciudad de México, donde consagró su exilio. Allí desarrollará su vida y su obra gracias a la estima (entre otros) de don Luis Buñuel.

El monárquico, el heredero de lo virreinal, el cultivador de sombras regias, el de sangre botánica ve dividido su ser: la Bogotá de sus dominios y el México lateral. En ese rastro, las elecciones provisorias y oportunas. Aparte del gran don Luis (que lo abandonó en este mundo) dos hitos del poder de la literatura en Hispanoamérica: Octavio Paz (México) y Gabriel García Márquez (Colombia).

La enemistad entre Paz y García Márquez no fue por razones ideológicas: un disidente del comunismo frente a un supuesto comunista amigo de Fidel Castro. Es la posición en la jerarquía dicha. Y Mutis haciendo equilibrios. Porque México le da el sustento y Colombia, por motivos de heredad, no puede borrarse de su relación.

Así procede. Al punto de salvar a su famoso compatriota de la ruina, que finalmente resultó definitiva con obras impúdicas como Del amor y otros demonios o Memoria de mis putas tristes. La novela inconclusa de Álvaro Mutis sobre los últimos siete meses de la vida de Simón Bolívar da, con su consentimiento, el último relato respetable de García Márquez: El general en su laberinto. La brillantez, el modo de producirse entre la selva, el río -aquí el Magdalena- y el Caribe del héroe de Mutis, Maqroll el Gaviero, se enreda con el autoplagio del otro, el machismo y el infundio ideológico.

Así vivió Álvaro Mutis, entre paradojas, sospechas y dos gigantes del comercio literario. Eso fue.

Murió en Ciudad de México el pasado 22 de setiembre a los 90 años de edad.