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El precio de la felicidad – Por José Juan Rivero

   

Hace unos días, se daban a conocer los datos del último informe sobre la Felicidad Mundial, un estudio que realiza las Naciones Unidas anualmente sobre un total de 156 países con el objetivo de que las políticas internacionales centren sus esfuerzos en potenciar el bienestar y la felicidad en las personas, ya que garantiza una mayor esperanza de vida, aumenta la productividad del país y potencia el ser mejores ciudadanos. Los resultados nos muestran los primeros efectos claros de la crisis sobre la felicidad. Así observamos que en los países europeos donde la crisis ha causado estragos y se han dado los mayores niveles de corrupción, la percepción de felicidad ha descendido sustancialmente. Este es el caso de Islandia, que aunque se mantiene dentro de los países con un alto índice de felicidad, los ciudadanos se sienten menos felices. Aunque este caso es excepcional, ya que los países del Norte y Centroeuropa han aumentado sus índices de felicidad considerablemente, mientras que en el Sur han disminuido sustancialmente. En lo que respecta a nuestro país, el estudio presentado por el Instituto de la Felicidad nos muestra que las personas se sienten más infelices con respecto al año 2007, donde el 82% de la población planteaba sentir una alta satisfacción con su vida.

En la actualidad solo el 54% plantea sentirse feliz. Además, entre los factores que aportan valor a la felicidad, el dinero se ha convertido en el bastión central de nuestra felicidad, por encima de la salud y otros factores más relevantes. Estos resultados son consecuencia directa de la crisis sobre nuestro desarrollo personal, debido al nivel de empobrecimiento de nuestra población. Los estudios sobre el dinero como factor que mejora la felicidad nos muestran que no aumenta significativamente nuestra felicidad, salvo que no podamos garantizar unos mínimos, situación por la que atraviesan muchas personas. Con lo que comienza a volverse complejo el sonreír cuando no puedes garantizar la comida de tu familia.

Si entendemos que la felicidad y el bienestar son fundamentales para desarrollarnos como personas plenas como plantean las Naciones Unidas, debemos poner en juego estrategias que permitan a las personas potenciarse, dirigiendo los esfuerzos a mejorar las condiciones sociales así como a implementar políticas educativas destinadas a fomentar a las personas desde el crecimiento personal y la felicidad. Por ello ahora más que nunca a nivel personal debemos ser optimistas inteligentes, vivenciando cada día como único, entrégate en lo que hagas para sentirte vivo y rodeándote de personas que sumen. ¿Te apuntas?

*PSICOLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA POSITIVA
@jriveroperez