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Yo sí me apunto – Por Carmen Tomás

   

Hace unas horas recordaba en 13 TV Manuel Pizarro que donde mejor está el dinero es en los bolsillos de los ciudadanos para gastar, desendeudarse, comprar o invertir. Viene muy a cuento de la que se ha montado a cuenta de la decisión del Gobierno de la Comunidad de Madrid de bajar los impuestos a los madrileños. Realmente se han oído unos argumentos en contra, hasta de Rosa Díez, que avergüenzan, sorprenden y de difícil justificación. Nacionalistas catalanes y vascos, UPYD y la izquierda en general no entienden esta bajada de impuestos. Y es muy fácil de entender. La Comunidad de Madrid lleva haciendo deberes contra la crisis desde que empezó. Ha reducido consejerías, organismos, sueldos y mejorado la gestión de los servicios públicos. Pidiendo sacrificios, claro, pero devolviendo a familias y empresas parte de ese esfuerzo. Y los resultados están ahí. Menos paro y más crecimiento. Han atraído empresas e inversiones. Los nacionalistas catalanes, sobre todo, se han echado las manos a la cabeza. Consideran que después de esta decisión no pueden quejarse del sistema de financiación y se preguntan que cómo ha podido tomar esta decisión el Gobierno de Madrid. Y otra vez es muy fácil la respuesta: recortando la grasa de la Administración y facilitando la llegada y permanencia de las empresas. Todo ello ha logrado la confianza y se han podido financiar en los mercados. Tirado. Es cuestión de voluntad y de saber lo que se quiere. Es lo que debería hacer el Gobierno de Cataluña en lugar de mantener la grasa y financiar todo lo que tiene que ver con la identidad. Tendría menos déficit, podría pagar sus deudas convenciendo a los mercados internacionales y atraería empresas en lugar de asustarlas. Vaya, dejar de gastar y gestionar mejor sus finanzas. Yo sí quiero que la Comunidad de Madrid me baje los impuestos y yo libremente hacer con mi dinero lo que me de la gana. Además, es el resultado de no malgastar el dinero de los ciudadanos al tiempo que cumple con las obligaciones que le impone el sentido común y la ley de estabilidad presupuestaria. Que los que se quejan aprendan.