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Ajedrez vs envite – Por Francisco Pomares

   

Dice ese señor que suena tanto, el tal Gaspar Zarrías, que la política canaria es como un “ajedrez diabólico sin reglas claras”. Lo dice quizá porque está acostumbrado a la política nacional, en la que básicamente hay dos jugadores, como ocurre en el ajedrez, y hasta lo de enrocarse (que es esconder al que manda detrás de una fila de peones) tiene que hacerse respetando el reglamento. Pero ocurre que el juego político al que se juega en Canarias no es el ajedrez: aquí, no hace falta ni mentarlo, el ajedrez diabólico tiene menos seguidores que el envite venenoso, un juego en el que hacen falta por lo menos cuatro, y en el que el talento no se demuestra sobre el tablero, sino haciendo muecas y confundiendo al contrario. Rivero, que presume de ser el mejor jugador de envite de la política local, es también un buen ejemplo de que en Canarias juego y deportividad no son necesariamente sinónimos. Aquí las reglas son cambiantes y confusas, y lo importante es pillar al otro desprevenido para hacerle morder el polvo. Es mucho menos fino que comerse una torre o hacer un gambito de dama.

El problema de Zarrías y de otros ilustres ajedrecistas de la dirección federal del PSOE es que aún no han entendido con quién se las gastan. En Canarias se relacionan con José Miguel Pérez que es un intelectual más preocupado por los objetivos y los principios que por los resultados. Deben creer que su partido en las Islas responde a ese perfil de profesoral probidad y respeto a las normas. Nada más falso. Y si de La Palma se trata, más falso aún. No hay entre los socialistas palmeros nadie que recuerde ni remotamente a un Bobby Fischer. Lo más parecido a un jugador de ajedrez que han encontrado en la federal es Manolo Marcos, que creo yo que es más bien de rematar con dobles al dominó, un juego bastante taimado también. Ha pasado Marcos de ser adversario a batir en el último congreso a ser portador de la tarifa de último recurso para el PSOE palmero. Su primera tarea es convencer a los suyos de la necesidad de abandonar toda esperanza. Ha empezado por los sublevados de Breña Alta, la agrupación local socialista que antes le ha pedido unánimemente la baja del PSOE. Marcos representa a la Política jugando a las tablas con el Territorio. Pero lo tiene muy difícil, porque el Territorio no quiere tablas, sino poltrona y hacer de su capa un sayo. Es una confrontación inevitable que destrozará al PSOE palmero y probablemente a otras instancias territoriales del socialismo canario. Cuando esto acabe, el PSOE será más pequeño pero más compacto, y todos jugarán con las mismas reglas. En cuanto a los que se elijan la intemperie, deberían preguntarle a Santiago Pérez. Podría decirles que la melancolía es cosa del frío que hace fuera.