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Bravoheart – Por Jorge Bethencourt

   

Una de las premisas de las discusiones de un matrimonio es que cada una de las partes está perfectamente convencida de tener la razón. Esa certeza -creerse en posesión de la verdad- hace que las posiciones sean difícilmente reconciliables. No es como en la política, donde la gente dice lo que le conviene según está en el gobierno o la oposición. José Miguel Bravo de Laguna, el presidente del Cabildo de Gran Canaria, se está marcando un discurso demoledor en defensa de la libertad de la isla para elegir su modelo de desarrollo. El mismo que en su día le dijo Hermoso a Saavedra. La historia es un bucle. Así que el Gobierno de Canarias se ve en mitad de una pinza. Por arriba el Gobierno de Madrid le recorta poder y presupuesto y por abajo los populares le piden más inversiones y más poder. Bravo tiene razón. El modelo de desarrollo turístico de Gran Canaria no puede ser como el de La Palma. De ahí su discurso sobrevuela el terreno de la representación política en el Parlamento (que perjudica a las dos islas donde vive el 80% de la población de Canarias) y el de la asignación de recursos presupuestarios sin atender a los criterios poblacionales. Con darle solo una vuelta de tuerca a Bravo se le podría poner la cara de Artur Mas, así que habrá de tener cuidado con la llave inglesa del vocabulario político en su declinación canaria. El papel de los Cabildos siempre ha estado en una especie de limbo que solo ha redefinido el carácter de sus presidentes. En Tenerife y La Gomera los Cabildos han sido realmente gobiernos insulares, con una intervención decisiva en las políticas de desarrollo de las dos islas. No ha sido el caso de otros cabildos que ahora, bajo la sombra de la crisis que pone en cuestión casi todo y a casi todos, parecen pedir una revisión de las reglas de juego de la autonomía. El año en que el Gobierno destina 145 millones de inversión para la provincia de Las Palmas y 120 para la de Santa Cruz de Tenerife, Bravo de Laguna dice que Gran Canaria debe ser libre para decidir sobre su crecimiento turístico. Reclama soberanía para la isla a un Gobierno canario que pide a Madrid soberanía fiscal para el Archipiélago. Ahora falta que asome la cabeza Groucho Marx y pida más hielo para la fiesta en el camarote.

@JLBethencourt