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Cuidado con el agua – Por Leopoldo Fernández

   

Asistimos estos días al racionamiento del agua potable en el Puerto de la Cruz, debido a problemas con su salubridad, en concreto la alteración de los parámetros microbiológicos y físico-químicos del líquido elemento. Casi simultáneamente, el periódico La Opinión ha difundido una información según la cual los brotes de gastroenteritis aguda producidos el pasado invierno en Santa Cruz de Tenerife guardan relación con la mala calidad del agua en los cuatro municipios del área metropolitana, según una tesis doctoral presentada en la Universidad de La Laguna por parte de Nieves Coronado Álvarez. En ambos casos lo único que no ofrece la mejor duda es la imperiosa necesidad de cuidar y vigilar al máximo la calidad del agua potable, sobre todo en las épocas más propicias -en especial el invierno- para la propagación de sustancias contaminantes. Para ello se precisan no solo importantes recursos económicos, materiales y humanos, sino la realización sistemática de análisis y controles que permitan poner a disposición de los ciudadanos un agua de calidad garantizada, libre de virus, bacterias, patógenos y, en general, elementos contaminantes cuya propagación puede influir en la salud humana. En este sentido resulta obligado prestar una mayor atención a todas las conducciones e infraestructuras del agua, incluidos los canales cubiertos y descubiertos, para asegurar su máxima limpieza, con independencia del obligado y riguroso tratamiento de este elemento para lograr su potabilización. El caso del Puerto de la Cruz reviste la singularidad de su incidencia en el sector turístico lo que, quiérase o no, afecta a la imagen de la ciudad y de la Isla toda. Además, es la tercera vez en poco más de un año que se produce una incidencia de este tipo, lo que posiblemente denote un cierto descuido por parte de la empresa concesionaria del servicio o, en otro caso, una mala vigilancia en origen o en el transporte, que en tal suyo obliga como es natural a decretar la prohibición de esta agua para cocinar o para consumo humano. La propia orografía de la Isla, la longitud de canales y conducciones, los problemas de escorrentías y filtraciones y, a veces, la mano del hombre por su torpeza o negligencia producen algunas situaciones indeseables que, de constatarse, deberían recibir el correspondiente correctivo administrativo y/o penal. El concepto de buen servicio, por su incidencia en la calidad de vida de los ciudadanos, debe ir más allá de su mero enunciado para acabar convirtiéndose en un logro perfectamente alcanzable para todo el sector público, dentro de la estrategia de desarrollo local y como parte relevante de los objetivos de cualquier ciudad con aspiraciones de liderazgo.