X
retiro lo escrito > Alfonso González Jerez

Desafección – Por Alfonso González Jerez

   

Uno de los argumentos cada vez más esgrimidos por Paulino Rivero en sus críticas a los recortes presupuestarios del Gobierno de Mariano Rajoy es la “creciente desafección” de los canarios hacia España, también conocida por los técnico-cursis como Estado español. Se trata de un recurso que Rivero utiliza cada vez más a menudo y que, al parecer, es el contenido fundamental de la carta que ha remitido al rey, en un curioso antojo epistolar, porque el jefe del Estado, según la Constitución vigente, carece de competencias ejecutivas, legislativas o judiciales. Pero más curioso todavía es que no existe, en estos momentos, ningún dato estadístico que avale las preocupadas reflexiones de Rivero. Hace poco más de dos años se celebraron elecciones autonómicas y el ganador de las mismas fue el Partido Popular, lo que no parece indicar en Canarias una crisis particularmente grave del sentido de pertenencia a España. Lo cierto es que si una fuerza política ha sido útil para que no crezca la desafección hacia el Estado español y la Constitución de 1978 ha sido, precisamente, Coalición Canaria.

Desde un punto de vista histórico y político CC asumió el papel que, durante varios siglos, jugaron las élites del poder agroexportador en el Archipiélago: negociar lealtad política a cambio de fueros económico-fiscales y un favorable trato presupuestario. Durante varias legislaturas el invento tuvo un éxito entre moderado y rotundo, años en los que el nacionalismo de Coalición Canaria era escasamente detectable: se trataba más de un regionalismo satisfecho y pujante que un nacionalismo voluntarioso. Y objetivamente sirvió como colchón amortiguador, en lo político y electoral, para la aparición y crecimiento de cualquier movimiento soberanista o segregacionista en las Islas. Pero las circunstancias han cambiado. La progresiva debilitación de CC en el voto a las Cortes y la mayoría absoluta del PP, en el contexto de una cataclismática crisis económica utilizada por la derecha española para impulsar contrarreformas y esculpir un nuevo modelo social en el país, ha quebrantado toda la estrategia que concedía valor a la alianza coalicionera. Puede que la prolongación de esta crisis infernal termine propiciando, a medio plazo, la aparición de una fuerza independentista. Pero la desafección política de los isleños se proyecta hoy, como en el resto de los españoles, hacia todo el sistema institucional y sus estructuras y mecanismos, sin excluir al Gobierno de la comunidad autonómica.