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Especie a proteger – Por Jorge Bethencourt

   

“No he de callar”, decía Quevedo, ese ácido Everest de nuestra poesía de oro. “¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Como un eco tardío a las palabras de nuestro cojitranco poeta, los canarios hemos descubierto el verbo sin complejo del presidente de la Federación Canaria de Ocio y Restauración, Antonio Vélez.

El dirigente empresarial dijo en su día que los desnudos de los ancianos en las playas son “groseros y repulsivos”. Y la armó. Porque se pasó de frenada. Es comprensible que a Vélez le gusten los desnudos de chicas y chicos jóvenes, sin arrugas, michelines y avejentadas epidermis al aire.

Pero de ahí a querer prohibir que los mayores vayan en pelotas porque no son guapos de ver, va un abismo. Pero hace poco, el inquebrantable Vélez ha dicho que las mujeres carecen de iniciativa empresarial y que las que tienen un negocio es, como las que van en SLK, porque se los dejó el marido. De milagro no le han sacado los ojos, naturalmente.

Con tanta perla suelta, al señor Vélez, que hace honor a su apellido con unos piños que se sobresalen como medio metro por debajo del labio superior, se le cuestionó que siguiera como presidente de unos empresarios cuyo negocio consiste en que la gente -incluso la fea- se gaste los cuartos consumiendo en sus locales.

Pero el presidente de la Fecao, con un par, acaba de decir que tiene el apoyo de todas las asociaciones insulares menos la de Tenerife (siempre tan reaccionarios los chicharreros). ¿Por qué? Porque Tenerife, según dice, está envidiosa de que Gran Canaria tenga más iniciativa empresarial. Así que se propone echarla de la federación regional por las buenas o por las malas.

Me gusta la gente que dice lo que piensa. Y que cree en el pleito insular como motor del desarrollo. Es decir, me gusta ese tal Vélez, ese estegodón empresarial que lo mismo se descojona de las carnes flácidas que llama floreros a las mujeres empresarias. Eso permite a su vez que nos descojonemos de él y de ese mundo casposo que representa.

Me sumo al clamor para que no dimita, A Vélez hay que conservarlo como especie al borde de una inevitable extinción. Como al perenquén o al tabobo. Como una joya del endemismo mental canario debido a una histórica sobreingesta de gofio.

@JLBethencourt