X
la última (columna)>

Guerra y paz – Por Jorge Bethencourt

   

Las broncas en el patio del colegio, siempre terminaban igual. Uno de los ritos de la infancia es la capacidad para desafiar los límites de uno mismo y del otro. La cosa siempre empezaba con un empujón y un “a que no te atreves”, al que seguía otro empujón y un “a que no hay huevos”…y acababa con una pelea en la que se ajustaban cuentas pasadas, presentes y futuras. Mientras en las serenas y límpidas cumbres de la política de Canarias se escucha el tranquilo sonido del viento y los cencerros de de los decretos del BOCA que pastan en las praderas de papel, abajo en los valles corre la sangre en una sorda lucha encarnizada de golpes y venganzas sin cuento.

El aparato central de los dos partidos aliados en el pacto de Gobierno en Canarias ha fracasado en evitar un nuevo naufragio. La moción de censura en el Cabildo de La Palma, como respuesta a la moción en Los Llanos de Aridane que a su vez es una respuesta a otras respuestas, es la última detonación de la sublevación de lo local frente a lo central. Aquí ya no hay fuerza que mantenga a las cabras en el corral. Que Asier Antona haya sido capaz de anteponer a la mala imagen del Gobierno del PP en su trato a las Islas las peores relaciones personales de palmeros nacionalistas y socialistas dice mucho de la habilidad y la tenacidad del líder de los populares canarios.
Mientras José Miguel Pérez observaba este fin de semana en Madrid el regreso del PSOE -que se había ido a nadie sabe dónde- resulta que se le marchaban por la puerta de atrás los socialistas del Cabildo de La Palma. Ya no solo se puede escribir -como antaño- de deslealtades nacionalistas. Sobre la estabilidad y la lealtad de los pactos en Canarias solo resta hacer literatura de ficción.

Como en las riñas del patio del colegio aquí no hay nada de estrategia de futuro o de ideología en trazo grueso. No son los partidos los que deciden, sino sus fracciones. Una amalgama de intereses insulares, sentimientos personales y revanchas pendientes, el cemento con el que se hizo casi siempre la peor política en Canarias, pero la más rentable mediáticamente hablando.
Va a ser difícil que el abrazo de hierro entre Pérez y Rivero siga aguantando. Cuando se pierde sangre por los pies al final se acaba perdiendo por la cabeza. Aunque sean dos, como en este caso, dignamente amuebladas pero cada vez con menos inquilinos.

@JLBethencourt