X
tribuna>

Isaac Valencia, hace 34 años – Por Isidoro Sánchez

   

Hace 34 años que Isaac se incorporó al mundo de la política participando en la vida pública de La Orotava. Primero en la AIO y concejal de Hacienda, en 1979; luego como miembro de ATI, en 1983, donde alcanzó la alcaldía por elección popular, para continuar a partir de 1993 como presidente de la Corporación orotavense por Coalición Canaria. A Isaac le conocía bastante por ser vecinos en la Villa y compañeros en el colegio salesiano de San Isidro. Por eso no resultó difícil comprometerle en la cosa pública y le animamos, con don Víctor a la cabeza, a combinar la carpintería y la escuela técnica de Aparejadores con el Ayuntamiento. Salimos elegidos concejales por el apoyo del pueblo a la lista encabezada por mi hermano Francisco, si bien es cierto que para conseguir la Alcaldía nos apoyaron la UPC de Domingo Domínguez y Cayetano Mejías y el PSOE de Vicente Miranda y Julio Sánchez Pellicer. Isaac fue nominado teniente de alcalde y edil de Hacienda. Buscó, en equipo, los dineros para la financiación de la electrificación rural del municipio y para afrontar los pagos de los suelos para las escuelas y los proyectos de abastecimiento de aguas y del polideportivo Quiquirá, y para la búsqueda de suelo para viviendas sociales. Eran los años del arranque de la democracia y de la reclasificación del Parque Nacional del Teide con el RD 1105/82 como norma compensatoria al desarrollo socioeconómico del municipio. También de la apuesta decidida por el IAC y por la revisión del PGOU. Para los miembros de la ATI resulta difícil de olvidar la Asamblea de Caneño, en la primavera de 1983, cuando mi hermano Francisco, alcalde a la sazón, planteó la nominación de Isaac como candidato a la alcaldía en las siguientes elecciones. Al final la propuesta del alcalde saliente fue votada y aceptada por la Agrupación. Luego el pueblo votó en mayoría la lista encabezada por el amigo Isaac. En ambas ocasiones participé como concejal y lo compartí con el cargo de consejero del Cabildo. Después de más de treinta años en la vida municipal me supongo que el Isaac hará un análisis autocrítico de su paso por las Casas Consistoriales, donde me consta que disfrutó siendo guardián de la añepa y el banot del mencey Bencomo, que Sabino Berthelot y Philippe Web regalaron en el siglo XIX al municipio orotavense. Desde mi ventana familiar tengo que confesar que Isaac, como todo ser humano, tuvo sus virtudes y sus defectos, sus luces y sus sombras, y reconozco que “mantener el tipo” por más de tres décadas al frente de una Corporación, como es el caso de la Villa, es todo un récord en la sociedad en la que vivimos. Hace escasos días, uno de sus adversarios políticos que gusta de tomar café en la plaza de la Constitución orotavense me pedía que escribiera un libro sobre la vida política de Isaac desde 1979. Le reconocía sus valores, sus limitaciones y la importancia de su ejemplo político, a pesar de las diferencias. Opinaba acerca de la conveniencia de darle las gracias a Isaac por la dedicación a su Villa natal. Lo que sí tengo claro es que dentro de unas décadas, cuando los investigadores de los asuntos políticos se acerquen al Archivo Municipal, se encontrarán con unas páginas muy importantes de la historia política de La Orotava al leer la biografía de Isaac Valencia Domínguez.