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Un movimiento estúpido – Por Francisco Pomares

   

La censura en el Cabildo de La Palma, más allá de la satisfacción que para los palmeros contrarios a Coalición supone que los nacionalistas queden fuera de la mayoría de las corporaciones de la isla, después de tantos años ininterrumpidos de gobierno, se ha convertido en una perfecta demostración de hasta qué punto los partidos políticos -y los políticos en general- provocan con sus juegos de poder situaciones incontrolables. La explicación que han dado los socialistas palmeros para justificar el encuentro insular con el PP, y para asumir el reto de desafiar no sólo a su partido en Canarias, sino también y de manera específica a la autoridad federal del PSOE, tiene que ver con el estado de postración y abandono de la isla, una situación que es efectivamente cierta, pero que parecen descubrir los censurantes después de haber gobernado durante casi dos años con los nacionalistas.

Los hechos que llevaron a esta censura son sin duda otros, y además no son responsabilidad del PSOE palmero: Pestana y los suyos optaron por la censura tras la oferta realizada por el PP para encabezar el gobierno del Cabildo, sólo después de haber perdido las poltronas que ocupaban en la corporación insular. Fue sin duda una torpísima decisión de la presidenta Guadalupe González Taño, que actuó a desgana, forzada por su mentor político, Antonio Castro. Castro buscaba a su vez obligar a los socialistas, y a su compañero de filas, Paulino Rivero, a cambiar los acuerdos municipales en la isla. Pero el impacto del cese, justificado también con argumentos sobre el interés general, cuando hasta días antes de la expulsión de Pestana y los suyos se calificaba el acuerdo de eficiente y positivo, fue determinante a la hora de precipitar la respuesta de los expulsados que se ha llevado a la pupila de Castro por delante. Castro midió muy mal.

Ahora, tras el cambio en el Cabildo, la situación en La Palma es bastante absurda: el partido que ganó las elecciones -Coalición- ha sido barrido de todos lados por un pacto que ha precipitado al PSOE palmero en la rebeldía, una rebeldía que -muy probablemente- concluirá haciendo inviable para muchos de los socialistas palmeros -y no sólo para los que ya han sido expulsados- su continuidad en política de la mano del PSOE. Esa decisión, que la Federal socialista mantendrá, pretende servir de ejemplo para evitar nuevas tentaciones de quienes practican el juego de fielatos y baronías que -a falta de un liderazgo fuerte- domina hoy al PSOE. Sin la marca del PSOE los socialistas palmeros lo tienen complicado, y también lo tiene el PSOE canario sin ellos. En esta estúpida maniobra sólo ha ganado el PP.