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Obama y el Sáhara – Por Juan Manuel Bethencourt

   

Siempo habrá para comprobar si la reunión reciente entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el rey de Marruecos, Mohamed VI, supone un cambio en toda regla de la estrategia de la superpotencia respecto al enquistado conflicto del Sáhara Occidental. Las perspectivas son, desde luego, muy poco halagüeñas para el movimiento independentista articulado históricamente a través del Frente Polisario. Un presidente tan debilitado como el actual, acosado desde diversos frentes, interno y de política exterior, pocas aventuras puede permitirse en aquellos escenarios alejados del primer plano. Con tantos calderos al fuego, lo último que haría Obama es abrir un nuevo espacio de discrepancia con un aliado que, más por deméritos ajenos que por logros propios, se antoja como imprescindible para la política estadounidense en el mundo islámico en general y el Magreb en particular. Marruecos sabe utilizar muy bien las cartas diplomáticas que tiene a su disposición, que son, además, muy buenas cartas. Con el respaldo incondicional de Francia, lo cual es decir bastante, y el viraje progresivo de España hacia sus tesis autonomistas respecto al Sáhara -más por debilidad de nuestra diplomacia que por otra cosa-, lo único que le falta a la monarquía alauí es convencer a Estados Unidos sobre la irreversibilidad de la anexión marroquí de la antigua colonia y provincia española. Es curioso, pero buena parte de las esperanzas del Polisario en la última década residieron en la capacidad de Estados Unidos para mantener viva la llama de la esperanza sobre la autodeterminación. Quizá ya no haya lugar para tales expectativas, tras la escena de sofá en el Despacho Oval y las declaraciones de Obama. Según las mismas, EE.UU. apuesta por un referéndum en el Sáhara, pero no para decidir sobre la autodeterminación, como señala el mandato de Naciones Unidas, sino para validar la propuesta alauí de autonomía limitada dentro del territorio de Marruecos. Es evidente que en todo referéndum la formulación de la pregunta es un asunto fundamental a la hora de desentrañar la respuesta, y con este probable nuevo escenario es el régimen de Mohamed VI el que tiene todas las de ganar, en la medida que se consolida la tesis de que el Sáhara Occidental no es ya un territorio pendiente del proceso descolonizador, sino unas provincias del Sur -como las llaman, a la fuerza, en Marruecos, donde el vocablo Sáhara Occidental está proscrito- con expectativas de cierto autogobierno. No deja de ser una ficción, la autonomía dentro de un sistema político semidictatorial. Todo apunta a que la opción de la independencia ha pasado de largo para el Polisario, y las consecuencias de esta certeza son, a esta hora, imprevisibles.

@JMBethencourt