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el revés y el derecho>

Pensar para vivir – Juan Cruz

   

Me alegra mucho que me lleves hoy, querido Juan Manuel, al terreno del ensayo, en el que te instruyes con tanto provecho, y me alegra mucho de que lo hagas en un periódico. Observo con cierta inquietud que hay cada vez menos referencias a los pensadores en la prensa diaria; a pesar de que nos hacen tanta falta los prescriptores de ideas, los que las amasan para que los demás nos acerquemos a ellas, para debatirlas o para deglutirlas, cada día los periódicos y los demás medios se preocupan más de la creación y, muchas veces, de la dialéctica de la nada, de las declaraciones y de las contradeclaraciones. Estamos contribuyendo mucho desde la prensa a esta época insustancial en la que vivimos, preocupados más por los dimes y diretes que por las ideas que pueden conmovernos y mover el mundo; y esa culpa la están pagando los ciudadanos políticos y los ciudadanos periodistas en primer lugar, pues ellos tienen (tenemos, tú y yo, por ejemplo) la obligación de ir al fondo de las cosas. En lugar de ello, la falta de pensamiento nos conduce a la superficie de casi todo. En ese estado de complacencia nos halló la crisis, y cuando esta acabe seguiremos sonriendo como bobos, a la espera de que alguien piense por nosotros. Así que me alegro mucho de que reivindiques el ensayo, y que pongas en primer plano ese de Volpi, precisamente. Lo leí hace algunos otoños, me llevó a pensar, precisamente, en la capacidad que tienen los narradores (tú los citas: Semprún, Muñoz Molina, el propio Volpi) para expresar testimonio de su tiempo, narrando precisamente lo que ven para que el resultado de esa crónica se convierta en materia de pensamiento y de discusión. En cierto modo, esos son ensayistas impresionistas; sus impresiones explican la desazón del siglo XX, que hemos heredado multiplicada en el siglo XXI. Sigue leyendo, y sigue instruyéndonos, querido ensayista.