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Poetas – Por José David Santos

   

Hubo un tiempo en el que ser poeta era ser alguien, pobre en muchos casos, anónimo, en otros, pero si unos versos suyos trascendían pasaba a formar parte de las tertulias del Café Gijón e, incluso, por esos azares inescrutables de nuestra extraña España, llegar a ser una celebridad. Estos días se conmemoraban los cincuenta años de la muerte de Luis Cernuda, poeta extraordinario del que yo retengo un solo libro, la verdad, Ocnos. Como otras tantas cosas, llegó a mis manos por casualidad, guiado por la curiosidad tras una recomendación -soy lector ocasional de poemarios- y un encuentro fortuito en la estantería de la lagunera librería Lemus de Heraclio Sánchez. Hoy en día no sé si existen poetas así; es decir, que sean solo eso, poetas. Conozco amigos que han publicado libros de poesía y alguno con cierto reconocimiento en la casi inexistente, creo, industria en torno al verso. Golpes Bajos cantaba, a través de la única voz posible para esa canción, Germán Coppini, Malos tiempos para la lírica con estrofas tan líricas, por contra, como “El azul del mar inunda mis ojos, / el aroma de las flores me envuelve, / contra las rocas se estrellan mis enojos / y así toda esperanza me devuelve”.

Hoy en día ni eso, ni una canción. Enclaustrados en el drama de lo cotidiano, el mensaje de un poeta no creo que cale como, entiendo, calaban antes. Igual es que uno está en la edad de decir que cualquier tiempo pasado fue mejor y, en realidad, antes y ahora el poeta era nada, pero a medida que han ido desapareciendo los Cernuda, Gil de Biedma o José Hierro, por poner ejemplos, es como si no surgieran otros como ellos, como si su impronta no ya entre los ciudadanos, sino entre los mismos círculos culturales y literarios ya no existiera. Será un signo de los tiempos, uno más. Pero lo triste de todo ello es que los afamados recortes y la abrazada austeridad han puesto una losa aún mayor sobre esa indiferencia. La poesía del pasado se olvida, rescatada solo por aniversarios de muertes o nacimientos, la presente pasa desapercibida y la futura igual se desvanece. Y sigue el derrumbe.
@DavidSantos74