X
tribuna>

Stalking- Harassment – Por Sergio García de la Cruz

   

Ambos son términos que traducidos significan acecho y acoso, respectivamente. El modelo de código Anti-Stalking para Estados Unidos lo define como un patrón de conducta dirigido a una persona específica que incluye proximidad física o visual respecto de la víctima, comunicación no consentida, o amenaza verbal escrita o implícita, o una combinación de ellas, que es susceptible de provocar miedo a una persona razonable. Esta definición usa términos ya de por sí penados y, por tanto, van más allá del verdadero significado. Más bien se tratan de conductas repetidas y no deseadas que terminan incomodando, causando malestar o temor. Lógicamente, nada de esto lo sabrá el autor si no se lo hacemos saber o trasmitir con actos que den cuenta de ello. Pero, si a pesar de esto el acecho o acoso prosigue, no intente manejar la situación usted solo/a sino que debe darla a conocer, tampoco mantener una charla sobre sus sentimientos con el autor, si fuera el caso. Hablarlo con nuestros allegados es lo mejor, incluso nos podrán sacar de un apuro o de una situación incómoda en un momento dado, establecer con ellos un código o una señal es buena idea para ponerlos sobre aviso.

Víctimas podemos ser todos, aunque mayormente son las mujeres, hay quien incluso los engloba bajo la frase “amores que matan”, ya que la mayoría solo buscan llamar su atención, y no tiene por qué ser un acoso hostil, sino que incluso puede ser el hecho de recibir continuamente regalos, cartas, etc. Hay quienes lo califican como de acoso apremiante o persecución obsesiva.
Conductas tales como la realización de llamadas telefónicas repetidas a la expareja, el envío reiterado de mensajes telefónicos de texto o de correo electrónico, los seguimientos o acechos en la vía pública y otros actos de similares características no pueden subsumirse en las coacciones, tanto por ausencia del elemento esencial de violencia o intimidación, que no puede adelgazarse hasta hacerle perder su sentido propio, como porque con ellos no se obliga en puridad al sujeto pasivo a hacer nada concreto ni se le impide propiamente hacerlo -pues la víctima no está forzada a recibir la llamada o a abrir los mensajes, como no está impedida de utilizar libremente su teléfono o de salir a la calle-, aunque pueda afectarse a su tranquilidad y a su sentimiento subjetivo de seguridad hasta hacerle modificar sus hábitos cotidianos. Por ello, a falta de una tipificación expresa y específica como la introducida en los últimos años en distintos países europeos (Irlanda, el Reino Unido, Dinamarca, Bélgica, los Países Bajos, Alemania, Malta, Austria e Italia), las conductas de acoso o acecho como las descritas resultan en sí mismas atípicas, salvo que por sus características puedan subsumirse en el delito de violencia psíquica habitual, lo que es posible gracias al contenido más elástico del concepto de “violencia psíquica”.

EE. UU. está muy concienciada con este tipo de prácticas, que rechazan y condena a toda costa. Una encuesta estimó que casi dos millones de personas son acosadas cada año en los Estados Unidos. Esto significa que una de cada 12 mujeres y uno de cada 45 hombres padecerán acecho en algún momento de sus vidas.

Incluso se relacionó con las agresiones posteriores, ya que el 85% de estas había tenido una situación de acecho o acoso previamente.

Web de Sergio García Cruz