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Taxistas – Por Leopoldo Fernández

   

Los taxistas tinerfeños han vuelto a echarse a la calle, esta vez para protestar contra el intrusismo profesional, que es la peor forma de competencia desleal que puede darse en este sector. Y que, seguramente a causa de la crisis económica, ha movido a no pocos particulares, así como a algunos establecimientos y a pequeñas empresas a tratar de convertirse en transportistas piratas en puertos, aeropuertos, centros sanitarios, hoteles y concentraciones urbanas para ganarse un dinero que en modo alguno les corresponde. Por tratarse de un servicio público y de una actividad reglada, las autoridades deberían incrementar su labor inspectora y sancionadora, bien directamente, bien a través de las policías locales. Para nada resulta complicada la tarea de comprobar documentaciones, permisos administrativos y demás parafernalia que acredite la plena legalidad de un muy respetable ejercicio profesional, hoy con severas dificultades para su supervivencia. No parece lógico que cada dos por tres los taxistas manifiesten públicamente su descontento ante la dejación de responsabilidades de las distintas administraciones a la hora de cumplir y hacer cumplir las normas jurídicas vigentes, sobre todo en las zonas turísticas, Santa Cruz y La Laguna. Por otra parte, los propios taxistas, cuyas fuerzas se hallan un tanto dispersas en diferentes cooperativas, deben ser los primeros interesados en la mayor dignificación de su trabajo mediante sencillos instrumentos que sin duda mejorarían la prestación del servicio. Me refiero a la deseable unificación de la vestimenta, tan extendida en algunos países turísticos; el uso de Internet como medio de pago, de oferta laboral y de servicio para el pasajero; el aprendizaje de idiomas, muy aconsejable en una isla de tanta importancia turística; y la formación continua, tanto para la mejora de conocimientos técnicos sobre el vehículo y el medio en que se mueve como en orden a poder facilitar al pasajero la información que pueda solicitar este sobre diferentes aspectos de las actividades y atractivos locales. El cumplimiento de las libranzas obligatorias, que en la capital tinerfeña se inician el próximo lunes -y que en buena medida pueden acomodar oferta y demanda ante el evidente exceso de licencias de taxi en las actuales circunstancias económicas-, es también una pauta racionalizadora que al menos debe poner a prueba la capacidad de adaptación del sector. Para completar el círculo del buen servidor público, el taxista debe seguir colaborando lealmente con las autoridades y actuar con los viajeros como verdadero embajador y vendedor de la comunidad, con los mejores modales y la más exquisita educación.